Investigaciones recientes han encontrado una correlación sorprendente entre nuestra condición física y nuestra psicología y rendimiento. Una parte significativa de la población presenta niveles bajos de actividad física. Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), el 25% de la población declara no haber realizado ejercicio físico deliberado en el último mes y menos del 25% de los adultos cumple las recomendaciones mínimas de entrenamiento de fuerza y resistencia aeróbica.
Lo interesante es que el ejercicio incrementa nuestros niveles de neurotransmisores, de forma similar a como lo hacen algunos medicamentos psiquiátricos. De hecho, Smits y Otto, en su revisión académica, sugieren que “el ejercicio puede conceptualizarse como un análogo no farmacológico de la medicación antidepresiva” (p. 8).
Desde la perspectiva de la psicología positiva, el ejercicio mejora nuestra sensación de bienestar, lo que a su vez energiza nuestros esfuerzos laborales. Una sesión adecuada en el gimnasio no solo entrena nuestra fuerza y capacidad aeróbica, sino que también representa una experiencia directa de establecimiento y logro de objetivos.
Smits y Otto también señalan que el ejercicio mejora la calidad del sueño, lo que nos proporciona una mente más clara y refuerza nuestra sensación de resiliencia.
En la próxima publicación analizaremos con mayor profundidad cómo podemos utilizar el ejercicio como una herramienta de intervención psicológica aplicada al trading.

