Dean Christians es un analista veterano especializado en la investigación de mercado y trading de Wall Street, con más de 25 años de experiencia. Sus análisis y señales de trading son de las más valoradas entre los profesionales del sector financiero.
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Una de las grandes preguntas que se hacen ahora los inversores es si el miedo que ha dominado los mercados en fases recientes ha terminado por disiparse. No hablamos de euforia, sino de algo más sutil y relevante: la normalización del riesgo. Los últimos datos apuntan a que, al menos por ahora, el camino de menor resistencia sigue siendo al alza.

Uno de los indicadores más observados para medir el pulso emocional del mercado es la volatilidad. En este sentido, el reciente reset del VIX resulta especialmente revelador. Tras un repunte puntual que generó nerviosismo, el índice de volatilidad ha caído por debajo del nivel de 15. Históricamente, este tipo de movimientos suele actuar como un precursor de fases constructivas para la renta variable, al indicar que el mercado ha absorbido el shock y vuelve a un estado más estable.

No es la primera vez que ocurre. En múltiples episodios pasados, los descensos del VIX tras picos abruptos han coincidido con periodos de continuidad alcista. La lógica es sencilla: cuando la volatilidad se normaliza sin que los precios hayan colapsado, significa que el mercado ha encontrado compradores dispuestos a asumir riesgo. Eso no elimina las correcciones, pero reduce la probabilidad de caídas desordenadas.

A esta señal se suma un segundo factor clave: el comportamiento relativo entre acciones y bonos. El ratio Stock/Bond ha superado el nivel de 2,5, un umbral que históricamente ha servido como confirmación del apetito por el riesgo. Cuando los inversores prefieren claramente la renta variable frente a la renta fija, el mensaje es claro: el capital está buscando crecimiento, no refugio.

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Este tipo de ruptura no suele producirse de forma aislada. Normalmente aparece cuando el mercado empieza a confiar en que el escenario macro no es tan negativo como se temía o cuando la narrativa dominante se desplaza desde el miedo a la oportunidad. No implica que los tipos de interés dejen de importar ni que la política monetaria haya pasado a segundo plano, pero sí que el mercado está dispuesto a mirar más allá del corto plazo.

Cuando combinamos ambas señales —volatilidad contenida y preferencia clara por las acciones— el peso de la evidencia empieza a inclinarse hacia una tendencia alcista sostenida. Esto no es una predicción puntual ni una llamada a comprar en cualquier nivel, sino una lectura probabilística. En mercados financieros, las probabilidades importan más que las certezas.

Es importante matizar que la ausencia de miedo no equivale a complacencia extrema. La complacencia suele reflejarse en volatilidades anormalmente bajas durante periodos prolongados, valoraciones estiradas sin justificación y una narrativa de “esta vez es diferente”. Por ahora, lo que vemos es más bien un mercado que ha digerido riesgos conocidos y ha decidido seguir adelante.

Desde una perspectiva operativa, este entorno suele favorecer estrategias de mantener exposición a renta variable, gestionando el riesgo de forma disciplinada y evitando decisiones impulsivas ante titulares puntuales. Las correcciones pueden aparecer —y aparecerán—, pero mientras no vayan acompañadas de un repunte sostenido del miedo, suelen representar ajustes dentro de una tendencia mayor.

En conclusión, los últimos datos sugieren que el miedo que dominó fases anteriores se ha reducido de forma significativa. El reset de la volatilidad y la confirmación del apetito por el riesgo refuerzan la idea de que el mercado sigue mirando hacia arriba. No es una garantía de subidas constantes, pero sí un entorno donde, estadísticamente, las probabilidades favorecen la continuidad antes que el colapso. Y en mercado, eso ya es mucho decir.