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 Jason Goepfert es presidente y CEO de Sundial Capital Research. Editor de SentimenTrader.com, una web de referencia internacional con suscriptores en más de 50 países.
Jason Goepfert / SentimenTrader

 

Los índices bursátiles tienen una capacidad extraordinaria para contar historias optimistas incluso cuando la realidad que se esconde debajo es bastante más incómoda. Hoy el S&P 500 se mueve a menos de un 3% de sus máximos históricos, una cifra que a primera vista sugiere fortaleza, confianza y continuidad de la tendencia alcista. Sin embargo, cuando se observa lo que ocurre dentro del mercado —en la participación de los valores, en la salud de los sectores y en las métricas de riesgo— aparece una imagen muy distinta.

El primer síntoma de esta fragilidad es el deterioro de la amplitud del mercado. Actualmente, menos del 55% de las acciones del S&P 500 cotizan por encima de su media móvil de 200 días. Esto significa que casi la mitad de las compañías del índice se encuentran ya en una estructura técnica debilitada o directamente bajista, incluso mientras el índice global permanece cerca de máximos. Este tipo de divergencia entre el comportamiento del índice y la participación interna del mercado es una señal clásica de etapas tardías de ciclo.

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Cuando un mercado está realmente sano, los nuevos máximos suelen venir acompañados de una participación amplia. Es decir, muchos sectores y muchas acciones suben al mismo tiempo. En cambio, cuando solo unas pocas grandes compañías sostienen al índice —normalmente los gigantes tecnológicos o valores de gran capitalización— el mercado empieza a parecerse más a una estructura desequilibrada que a un rally sólido.

El segundo factor preocupante aparece al analizar los sectores cíclicos. Sectores como Financials e Industrials, que históricamente actúan como motores del crecimiento económico, están mostrando signos claros de debilidad. Cada vez más compañías dentro de estos sectores han entrado en lo que se considera territorio de mercado bajista, es decir, caídas superiores al 20% desde sus máximos recientes.

Esta dinámica es importante porque los sectores cíclicos suelen actuar como un termómetro adelantado de la economía. Cuando bancos, aseguradoras, industriales o empresas de transporte empiezan a deteriorarse mientras el índice sigue subiendo, muchas veces lo que estamos viendo es un mercado que descuenta problemas económicos antes de que aparezcan en los titulares.

A este panorama se suman las señales emitidas por varios modelos cuantitativos utilizados para medir la salud del mercado. Tanto el Market Environment Composite como el Risk On/Off Indicator están marcando actualmente condiciones consideradas “no saludables” o de alto riesgo. Estos indicadores combinan diferentes variables —amplitud, momentum, rotación sectorial, comportamiento de activos defensivos y sensibilidad al riesgo— para evaluar si el entorno favorece la toma de riesgo o, por el contrario, aconseja prudencia.

Cuando múltiples modelos independientes convergen en una misma conclusión, el mensaje suele ser difícil de ignorar. En este caso, todos apuntan a una realidad incómoda: el mercado puede seguir subiendo en apariencia, pero su estructura interna se está debilitando.

Históricamente, este tipo de divergencias han aparecido en fases finales de ciclos alcistas. No significa necesariamente que el mercado vaya a desplomarse de inmediato, pero sí indica que la probabilidad de episodios de volatilidad o correcciones aumenta significativamente. El problema para los inversores es que estos periodos suelen ser engañosos: los índices continúan marcando máximos mientras el número de acciones que realmente participan en la subida se reduce cada vez más.

Desde una perspectiva de gestión del riesgo, este tipo de entorno suele favorecer una postura más defensiva. Esto no implica necesariamente salir completamente del mercado, pero sí reconsiderar el equilibrio entre riesgo y protección. Estrategias como reducir exposición a sectores cíclicos débiles, aumentar liquidez o rotar hacia activos defensivos pueden ayudar a navegar un mercado donde la superficie parece tranquila pero las corrientes internas se vuelven cada vez más inestables.

En última instancia, los mercados no se rompen de un día para otro. Antes de las grandes correcciones suele aparecer una fase de deterioro progresivo de la amplitud, divergencias entre sectores y señales de advertencia en los indicadores de riesgo. Lo que estamos viendo ahora encaja bastante bien con ese patrón.

Por eso, aunque el índice aún se mantenga cerca de máximos históricos, la pregunta importante no es si el mercado sigue subiendo hoy. La pregunta importante es cuántos valores siguen realmente participando en esa subida. Y en este momento, la respuesta sugiere que los cimientos del mercado podrían estar empezando a agrietarse.