ARTÍCULOS DE TRADING
Los mejores artículos de trading realizados por profesionales, que te permitirán aprender los aspectos más importantes en el mundo del trading.
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Existe una idea bastante extendida de que el mercado es poco menos que un caos elegante, una sucesión de noticias, sustos y rebotes imposibles de ordenar. Pero cuando uno mira series largas, aparecen patrones que, sin ser leyes exactas, sí ayudan a entender dónde suelen estar las probabilidades. Uno de los más conocidos es el ciclo electoral de cuatro años en Estados Unidos.
Históricamente, el grueso de las ganancias bursátiles no se ha repartido de forma uniforme a lo largo de esos cuatro años. De hecho, solo 18 de cada 48 meses han concentrado casi toda la rentabilidad relevante. Los otros 30 meses, en cambio, han sido un terreno mucho más pobre, e incluso muchas veces claramente perdedor. Dicho de forma simple: no todos los meses del ciclo político valen lo mismo para el mercado.

Esto no significa que haya que usarlo como una herramienta automática de timing, porque el mercado siempre mete ruido, excepciones y trampas. No se trata de decir “ahora toca subir” como si la bolsa obedeciera un calendario escolar. Se trata de algo más útil y más serio: entender que hay fases del ciclo en las que las condiciones históricas han favorecido mucho más a los activos de riesgo, y otras en las que el premio por estar invertido ha sido claramente menor.
El valor real de este enfoque está en el contexto. Si un inversor sabe en qué parte del ciclo se encuentra, puede interpretar mejor la fortaleza o debilidad del mercado, ajustar expectativas y no exigirle lo mismo a todos los periodos. No predice el futuro, pero sí ordena el terreno de juego. Y en bolsa, a veces, entender dónde están apiladas las probabilidades ya es media batalla ganada.
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20/4/2026 – Los macro traders de hedge funds analizan noticias, datos económicos y actuaciones de los bancos centrales para identificar qué puede convertirse en tendencia en distintos mercados. Los day traders en prop firms observan gráficos en diferentes marcos temporales, siguen patrones de volumen e intentan detectar qué se está preparando como una operación rentable. Los buenos traders buscan información a fondo y convierten sus observaciones en ideas que puedan operar.
Los procesos de revisión ofrecen una buena ocasión para hacerse preguntas distintas: ¿qué operaciones funcionaron, por qué funcionaron y qué hice yo para aprovechar esa oportunidad? ¿Qué operaciones no funcionaron, qué salió mal y qué puedo aprender de ello?
La pregunta que me ha resultado más útil añadir a las anteriores es esta: ¿en qué tipo de mercado estamos? ¿Se están moviendo todas las acciones en la misma dirección o los sectores están haciendo cosas muy diferentes? ¿Hemos pasado de una actividad rotacional a una actividad de tendencia amplia? ¿Estamos viendo un thrust de amplitud y cómo ha funcionado históricamente? ¿Se están rompiendo las correlaciones entre los distintos sectores?
Las buenas preguntas se centran en cómo operar el mercado. Las grandes preguntas se centran en qué tipo de mercado tenemos delante y cómo debemos adaptar nuestro trading al régimen de mercado que va evolucionando.
La velocidad de adaptación es una pieza central del éxito en trading.
19/4/2026 – Casi siempre reconozco a un trader prometedor o a un buen equipo de inversión cuando hacen preguntas originales y buscan respuestas en lugares nuevos y diferentes. La creatividad empieza con la originalidad del pensamiento. Juntamos la información de formas nuevas; buscamos información nueva. No se trata solo de mejorar lo que ya hacemos. Se trata de hacer cosas nuevas.
Los mejores equipos y traders son como las empresas más exitosas: innovan.
La innovación empieza examinando datos nuevos y datos antiguos de maneras nuevas. Así es como llegamos a preguntas nuevas y mejores.
El otro día pensé en analizar los datos del mercado bursátil de una forma distinta. En lugar de buscar patrones de fortaleza, debilidad o volatilidad, me pregunté en qué momentos del día el mercado amplio cotiza de forma más predecible. Es decir, imaginemos que distintos tramos horarios son mercados diferentes. Luego pensemos en hacer backtesting de patrones o setups para cada franja horaria. ¿Cuándo funcionan mejor y peor nuestras ideas de trading? ¿Cómo podría eso ayudarnos a pensar mejor nuestras operaciones y también su tamaño? ¿Hay patrones de mercado que se desarrollan en momentos distintos y durante periodos diferentes?
¿Y qué pasa si esos patrones se desarrollan bajo regímenes de volumen distintos, y no solo en función del tiempo?
A medida que las capacidades de la inteligencia artificial formen cada vez más parte del universo del trading para los operadores individuales, el éxito dependerá de hacer más y mejores preguntas y de implementar soluciones con rapidez.
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La volatilidad es una de esas palabras que todo el mundo usa en mercado y que, sin embargo, no siempre se mide bien. Se habla de ella como si fuera una verdad objetiva, limpia, casi quirúrgica, cuando muchas veces el indicador tradicional arrastra defectos bastante serios. Por eso la actualización de los indicadores de Historical Volatility de SentimenTrader merece atención. No porque vaya a adivinar el futuro —eso no lo hace nadie—, sino porque mejora bastante la forma de medir el pasado, que ya es más de lo que hacen muchos.
La mejora principal está en la base matemática. En lugar de trabajar con variaciones simples de precio, el nuevo enfoque se apoya en rendimientos logarítmicos diarios y ha sido validado con 10 años de datos del SPX. Esto corrige una de las grandes trampas del cálculo clásico de volatilidad histórica: el problema de los días con huecos. El método antiguo podía interpretar mal esos saltos entre cierres y aperturas, distorsionando la lectura real del movimiento. El nuevo enfoque busca justamente eso, medir mejor la turbulencia verdadera y no solo el ruido aparente.

Además, la estructura se apoya en dos métricas centrales bastante útiles: una volatilidad histórica de 20 días para el corto plazo y una de 60 días para una lectura más intermedia. Esa combinación tiene sentido. La de 20 días permite captar cuándo el mercado empieza a agitarse o a relajarse con rapidez. La de 60 días sirve para poner ese movimiento en contexto, separando si estamos ante un simple sobresalto de corto plazo o ante un régimen de riesgo algo más persistente. En términos prácticos, el trader gana una referencia más limpia para saber si el activo está realmente nervioso o solo está haciendo teatro durante dos o tres sesiones.
Donde esta mejora empieza a ser de verdad interesante es en sus aplicaciones. SentimenTrader permite construir indicadores compuestos personalizados, lo que abre la puerta a combinar volatilidad con amplitud, tendencia, fuerza relativa u otros factores. También incorpora la posibilidad de detectar outliers mediante ratios de volatilidad frente al SPX, algo especialmente útil para localizar activos que se están comportando de forma anómala respecto al mercado general. Y remata la jugada con un filtro integrado en My Screen, que facilita el cribado de acciones concretas con una granularidad bastante más operativa.
Esto tiene bastante valor porque la volatilidad, por sí sola, dice poco si no se contextualiza. Una acción puede mostrar un repunte brusco de volatilidad porque está entrando dinero especulativo, porque se acerca un evento corporativo, porque el mercado la está castigando o simplemente porque su estructura de liquidez es pobre. Por eso contar con herramientas para comparar activos entre sí, o frente al SPX, puede ayudar a distinguir entre ruido general de mercado y comportamientos idiosincráticos. Y esa diferencia, en trading, vale dinero.
Ahora bien, conviene dejar algo claro para no vender humo. La volatilidad histórica mira hacia atrás. Solo refleja lo que el precio ya ha hecho. Un valor alto significa incertidumbre elevada, desorden, amplitud de movimiento. Pero no significa necesariamente que el activo vaya a caer, ni que vaya a subir, ni que vaya a seguir moviéndose igual. Mucho trader ve una lectura de volatilidad elevada y cree que eso es una señal direccional. No lo es. Es una señal de intensidad, no de rumbo. Es como ver nubes negras: sabes que el tiempo está feo, pero no sabes exactamente dónde va a caer el rayo.
Por eso, bien utilizada, esta actualización no debería entenderse como una herramienta de predicción, sino como una herramienta de medición de régimen. Sirve para saber si estás operando en un entorno tranquilo o en uno inestable. Sirve para ajustar tamaño de posición, stops, expectativas y paciencia. Sirve para filtrar setups que en un contexto de baja volatilidad pueden tener sentido y en uno de alta volatilidad dejan de tenerlo por completo. Y, sobre todo, sirve para evitar una de las grandes tonterías del trading moderno: usar el mismo plan en mercados radicalmente distintos.
En resumen, SentimenTrader ha hecho una mejora seria. Ha estandarizado mejor la medición de la volatilidad entre distintos niveles de precio, ha corregido fallos clásicos del HV tradicional y ha convertido esa información en algo más flexible y útil para estrategia. No promete certezas, pero sí ofrece una lente bastante más rigurosa para leer el riesgo. Y en mercado, cuando no puedes controlar el precio, al menos conviene medir bien el temblor del suelo que pisas.
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La semana comienza con el estrecho de Ormuz todavía como el principal riesgo para los mercados financieros. Hoy, los medios estatales iraníes dijeron que el estrecho ha sido cerrado de nuevo porque Estados Unidos “no cumplió sus obligaciones”. Irán había declarado el viernes que estaba abierto. Un renovado impulso diplomático de Estados Unidos podría hacer que altos funcionarios regresen a las conversaciones tan pronto como el lunes, pero todavía no se ha fijado ninguna fecha y la situación sigue siendo fluida. En Estados Unidos, el precio medio en surtidor se mantuvo por encima de los 4,00 dólares durante la semana del 13 de abril (gráfico).

Añadiendo más suspense a la semana, el probable próximo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, comparecerá ante el Senado en su audiencia de confirmación el miércoles. Los mercados estarán atentos a cómo valora la independencia de la Fed, el doble mandato del banco central y la secuencia de las decisiones sobre tipos dada la situación económica actual.
La temporada de resultados añade otra capa de complejidad, con unas expectativas que siguen siendo sorprendentemente resistentes pese a la guerra en Oriente Medio (gráfico). Es probable que la orientación empresarial se centre en la incertidumbre geopolítica. Los datos económicos de esta semana y el flujo corporativo llegan al mismo tiempo, y juntos harán más por marcar el tono de corto plazo de la renta variable que cualquier miembro de la Fed, salvo quizá el propio Warsh.

Dicho esto, veamos las principales referencias macroeconómicas de Estados Unidos que probablemente más influyan en la visión de los inversores sobre el mercado laboral, la actividad empresarial y el sentimiento esta semana:
(1) Ventas minoristas. Las ventas minoristas de marzo (martes) serán el primer dato duro sobre el consumidor desde que empezó la guerra. A pesar de las tormentas invernales, el desglose por categorías de febrero fue inequívocamente sólido, con salud y cuidado personal subiendo un 2,3%, ropa un 2,0% y vehículos de motor un 1,2%. Solo las tiendas de muebles y decoración, y las tiendas de alimentación y bebidas, retrocedieron ese mes (gráfico). La debilidad de esta última probablemente estuvo relacionada con el clima.

El índice semanal Redbook Retail Sales sugiere que el ritmo del gasto del consumidor en tiendas minoristas se mantuvo sólido durante marzo y abril (gráfico).

(2) Desempleo. Las solicitudes iniciales de subsidio por desempleo bajaron a 207.000 en la semana del 10 de abril, mientras que la media móvil de cuatro semanas subió ligeramente hasta 209.800 (gráfico). Las solicitudes continuadas aumentaron hasta 1.818.000, aunque la trayectoria sigue sugiriendo que la duración del desempleo se está acortando. A pesar de las incertidumbres geopolíticas, la mayoría de los empleadores no están recortando plantilla.

(3) PMIs flash. Los PMIs flash de abril (jueves) podrían dar alguna pista sobre los efectos de la guerra. Las lecturas finales de marzo mostraron que los PMIs de manufacturas y de servicios se mantuvieron cómodamente por encima de 50,0, en 52,7 y 54,0, respectivamente, y el dato flash del jueves será la primera lectura de abril sobre si esa resiliencia se mantiene (gráfico).

(4) Sentimiento del consumidor. La Universidad de Michigan publicará el viernes la lectura final de abril de su índice de sentimiento del consumidor. El dato preliminar fue de 47,6, con condiciones actuales en 50,1 y expectativas desplomándose hasta 46,1, niveles vistos por última vez durante la Gran Crisis Financiera (gráfico). El fuerte aumento de los precios de la gasolina está haciendo daño. Las revisiones nos dirán si la lectura preliminar fue un pico de ansiedad o el comienzo de un deterioro más persistente del sentimiento. Dado lo ocurrido recientemente, no nos sorprendería ver un repunte en el sentimiento.

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Hay momentos en mercado en los que el dinero no solo decide si quiere estar dentro o fuera, sino también cómo quiere estar dentro. Y eso importa más de lo que parece. Una cosa es comprar un ETF amplio como el SPY para tener exposición general al mercado casi por inercia, y otra muy distinta es volver a meter dinero en acciones individuales, nombre por nombre, riesgo por riesgo. Lo primero suele reflejar prudencia, rapidez o incluso cierta desconfianza. Lo segundo suele implicar algo mucho más importante: convicción.
Eso es precisamente lo que sugiere ahora el indicador conocido como S&P 500 Liquidity Premium, que acaba de activar una señal de risk-on. Traducido al español: los inversores parecen estar dejando atrás una fase de refugio relativo en el ETF del mercado y están empezando a volver a las compañías que componen ese mercado. No es un matiz técnico sin importancia. Es un cambio de comportamiento. Y en bolsa, cuando cambia el comportamiento del dinero, suele cambiar también la calidad del movimiento.

El mecanismo del indicador es sencillo en apariencia, pero potente en lo que revela. Lo que mide es la relación entre el volumen negociado en el ETF SPY y el volumen negociado en las acciones subyacentes del S&P 500. Cuando ese indicador cae, lo que está diciendo es que el dinero está dejando de concentrarse en el gran envoltorio del índice y empieza a repartirse otra vez entre los valores individuales. En otras palabras, el mercado deja de comportarse como alguien que entra en una habitación sin querer mirar demasiado y empieza a comportarse como alguien que ya sabe a quién quiere darle la mano.
En fases de incertidumbre, esto suele ocurrir justo al revés. El inversor se siente más cómodo comprando mercado en bloque. Es rápido, es líquido y reduce el coste mental de elegir. Si hay dudas sobre crecimiento, tipos, política monetaria o geopolítica, el ETF actúa como una especie de manta gruesa: no abriga perfecto, pero tapa todo. Por eso, cuando el volumen vuelve a las acciones individuales, el mensaje de fondo suele ser bastante constructivo. No solo vuelve el apetito por riesgo, vuelve también la voluntad de discriminar.
La señal actual gana todavía más fuerza por cómo se ha activado. Históricamente, cuando el range rank de 84 días del indicador pasa desde niveles extremos de incertidumbre —por encima del 99%— hacia una zona de confianza recuperada —por debajo del 42%— y además el S&P 500 mantiene una tendencia alcista de largo plazo, los rendimientos futuros del SPY han sido especialmente sólidos. Es decir, no estamos hablando simplemente de una mejora técnica aislada, sino de una combinación bastante concreta entre recuperación del apetito, mejora del posicionamiento y contexto estructural favorable.
Y eso es importante porque evita uno de los errores más comunes del inversor: confundir un rebote con una rotación sana. Un mercado puede subir durante unos días por cierre de cortos, alivio temporal o puro rebote técnico. Pero cuando el volumen empieza a desplazarse desde el ETF hacia las acciones subyacentes, la lectura cambia. Ahí ya no hablamos solo de precio. Hablamos de participación. Y un mercado que sube con participación suele ser bastante más fiable que uno que sube solo porque nadie quiere vender.
Naturalmente, esto no significa que desaparezca el riesgo ni que el camino vaya a ser recto. Nunca lo es. Puede haber retrocesos, dudas, sesiones feas y noticias que vuelvan a enturbiarlo todo. Pero desde el punto de vista del flujo, la señal es bastante clara: el dinero parece estar saliendo del refugio relativo del índice y regresando al terreno más exigente de la selección de acciones. Eso suele ocurrir cuando la confianza mejora y cuando los inversores creen que merece la pena asumir más riesgo para buscar más retorno.
En el fondo, esta señal dice algo muy humano. Cuando hay miedo, se compra el conjunto. Cuando vuelve la confianza, se elige. Y ahora mismo, el mercado empieza a parecerse más a lo segundo que a lo primero. No garantiza una subida sin sobresaltos, pero históricamente sí ha funcionado como un viento de cola alcista bastante poderoso. Y en un mercado que muchas veces se mueve más por comportamiento que por narrativa, eso no es precisamente un detalle menor.
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12/4/2026 – Si tuviera que identificar una cualidad mental que distingue a los traders de éxito del resto, sería una mentalidad hambrienta. Los traders realmente buenos buscan activamente en qué podrían estar equivocados. Les encanta la información y dar sentido a la información. Escarban y escarban: en informes de noticias, en conversaciones con otros traders, en sus lecturas. Como están integrando más información, sus puntos de vista tienden a ser más matizados. Por ejemplo, desmenuzarán un informe de inflación, profundizando en distintas partes de la economía, para identificar ganadores y perdedores relativos. No se limitan a decir: “Las acciones están cayendo porque la inflación está subiendo”.

Ese deseo de saber —esa curiosidad intelectual— apareció como uno de los principales predictores del éxito en la investigación que llevé a cabo en varios hedge funds. Muy a menudo, tanto la mentalidad confiada como la mentalidad derrotada están centradas en una o dos cosas, como las ganancias y pérdidas recientes. Cuando un trader tiene hambre de ver el cuadro completo, es más probable que se le ocurran múltiples ideas y grandes ideas. Los mejores traders demuestran esa hambre intelectual en otras áreas de sus vidas y en etapas anteriores de su trayectoria. Es un talento, no solo una habilidad.
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10/4/2026 – Ha sido fascinante ver quién lo ha hecho bien —tanto en psicología del trading como en P/L— durante este reciente periodo de volatilidad, corrección y rebote en el mercado bursátil. Mi observación más llamativa es que los traders más exitosos durante este periodo están entre los traders más exitosos en general. Han tenido éxito al centrarse en la oportunidad durante los periodos de amenaza y al centrarse en la amenaza durante los periodos en los que estaban ganando dinero. Los traders que han tenido dificultades han sido bastante uniformemente optimistas o pesimistas. Es la flexibilidad de perspectiva lo que ha distinguido a los ganadores recientes.
En el caso de los traders recientemente exitosos, es como si estuvieran buscando qué está estirado y dónde podrían tomar beneficios o cubrirse cuando las cosas van a su favor. Cuando las cosas van en su contra, buscan áreas donde las buenas operaciones ahora están convirtiéndose en grandes operaciones. Dimensionan sus posiciones de tal manera que nunca están realmente muy grandes o muy pequeños en una idea… siempre dejan margen para aumentar o reducir. En lugar de intentar predecir cómo evolucionarán los acontecimientos mundiales, crean múltiples escenarios y se preparan para actuar en cuanto uno de ellos empiece a desarrollarse.
Una mentalidad flexible crea flexibilidad en el trading.
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El carbono que todavía no se ha emitido no debería usarse para predecir rentabilidades bursátiles. Aunque esto suena obvio, trabajos de investigación anteriores, como Bolton y Kacperczyk (2021), han hecho exactamente eso. Esta observación crítica constituye la base de la revisión llevada a cabo por el equipo de investigación de Robeco Institutional Asset Management sobre la relación entre el riesgo climático y la valoración de los activos. Tanto inversores como académicos han tratado de entender cómo influyen los factores medioambientales en la rentabilidad de las acciones, a menudo asumiendo que las compañías con mayores emisiones exigen una prima de riesgo. Sin embargo, el momento en que los datos están disponibles es crucial en la construcción de estrategias cuantitativas, y un mal alineamiento puede llevar a conclusiones espurias sobre la valoración de las emisiones de carbono.
Su análisis comienza abordando la existencia de la prima del carbono. Como se muestra en la Figura 1, cuando las emisiones no se retrasan temporalmente, reproducen muy de cerca la prima positiva del carbono documentada por investigadores anteriores. Sin embargo, este resultado se evapora bajo un examen más riguroso. Utilizando únicamente los datos de emisiones de carbono disponibles para los inversores en el momento de la construcción de la cartera, los autores no encuentran ninguna relación positiva entre las emisiones absolutas de carbono de las empresas y la rentabilidad de sus acciones. La Figura 2 destaca esta divergencia y demuestra que la supuesta prima del carbono está impulsada por un sesgo look-ahead, ya que las emisiones estimadas están vinculadas mecánicamente a ingresos futuros cuando los datos de emisiones no se retrasan lo suficiente.
Aunque las emisiones absolutas no logran predecir rentabilidades bajo condiciones realistas, la forma de medir lo “verde” importa mucho. Cuando lo verde se mide por intensidad de carbono en lugar de por emisiones absolutas, las empresas verdes han superado a las marrones. Esta distinción es vital para la construcción de carteras, como muestra la Figura 4, que representa el rendimiento acumulado de carteras ordenadas por intensidad. Esto implica que las métricas de eficiencia pueden captar mejor los riesgos de transición o la calidad operativa que los simples volúmenes brutos de emisiones. En consecuencia, las estrategias centradas en la intensidad de emisiones de carbono pueden ofrecer alfa real, mientras que aquellas que apuntan a niveles absolutos pueden estar simplemente explotando artefactos de los datos.
En conclusión, valorar factores medioambientales requiere un tratamiento riguroso de los datos para evitar el sesgo look-ahead. Aunque la prima del carbono basada en niveles absolutos parece ilusoria cuando se retrasa correctamente la información, el riesgo climático sigue siendo relevante a través del prisma de la intensidad de carbono. Los inversores cuantitativos deben asegurarse de que sus señales se apoyan estrictamente en la información disponible en el momento de la decisión para generar rentabilidades bursátiles robustas. La investigación futura, que seguimos esperando, se centrará en estas métricas de intensidad más que en los volúmenes absolutos, para entender mejor el verdadero coste de capital en una transición hacia bajas emisiones.
Autores: Thijs D. Markwat, Matthias X. Hanauer y Laurens Swinkels
Título: The Illusion of the Carbon Premium
Enlace: https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=6254118
Resumen:
El carbono que todavía no se ha emitido no debería usarse para predecir rentabilidades bursátiles. Cuando las emisiones no se retrasan temporalmente, reproducimos muy de cerca la prima positiva del carbono documentada por Bolton y Kacperczyk (2021). Sin embargo, utilizando únicamente los datos de emisiones de carbono disponibles para los inversores en el momento de la formación de la cartera, no encontramos ninguna relación positiva entre las emisiones absolutas de carbono de las empresas y la rentabilidad de las acciones. Por tanto, la prima del carbono reportada está impulsada por un sesgo look-ahead, ya que las emisiones estimadas están vinculadas mecánicamente a ingresos futuros cuando los datos de emisiones no se retrasan lo suficiente. Además, mostramos que las estimaciones basadas en regresiones de la prima del carbono son sensibles a variables dependientes sesgadas y a la multicolinealidad con controles estándar. Cuando lo verde se mide por intensidad de carbono y no por emisiones absolutas, las empresas verdes han superado a las marrones. Aportamos evidencia fuera de muestra de un factor positivo green-minus-brown durante el periodo 2020-2025, pese al fuerte comportamiento de las acciones energéticas durante el primer año de la guerra entre Rusia y Ucrania. A diferencia de periodos anteriores, esta reciente rentabilidad superior no está impulsada por un mayor ensanchamiento en el coste de capital de las empresas intensivas en carbono.
Como siempre, presentamos varias figuras y tablas interesantes:



Citas destacadas del trabajo académico:
“Bolton y Kacperczyk (2021, 2023) encuentran que las empresas con altas emisiones absolutas, es decir, aquellas objetivo de los inversores firmantes de Climate Action 100+, han obtenido rentabilidades más altas durante el periodo 2005-2017 en Estados Unidos (y hasta 2018 y para el resto del mundo). Curiosamente, no encuentran evidencia de que las compañías con mayor intensidad de carbono, definida como emisiones de carbono por unidad de ingresos, obtengan rentabilidades diferentes de aquellas con menor intensidad de carbono. Esto resulta especialmente desconcertante, ya que también documentan que la intensidad de carbono (o huella de carbono) es una métrica habitual que los inversores utilizan para evaluar si una empresa contamina.
La rentabilidad excesiva positiva obtenida por las compañías con altas emisiones de carbono documentada por Bolton y Kacperczyk (2021, 2023) es cuestionada por Aswani, Raghunandan y Rajgopal (2024) y Zhang (2025). Aswani, Raghunandan y Rajgopal (2024) informan de que la prima positiva del carbono está presente solo en los datos de emisiones estimadas, pero no en los datos de emisiones reportadas. Además, Zhang (2025) documenta un sesgo look-ahead en los datos estimados de carbono cuando no se aplica un retraso temporal apropiado. Normalmente, las emisiones de carbono se estiman multiplicando una intensidad de carbono específica de la industria —emisiones de carbono divididas entre ingresos— por los ingresos del periodo actual de la empresa. Sin un retraso suficiente en los datos, clasificar empresas por emisiones totales de carbono implica en la práctica clasificarlas por ingresos futuros.
Los hallazgos principales de nuestro estudio pueden resumirse así. Primero, nos preguntamos si existe una prima del carbono en las emisiones absolutas una vez que la información está correctamente sincronizada. Utilizando una muestra de acciones estadounidenses invertibles y alineando cuidadosamente los datos de emisiones con el conjunto de información disponible para los inversores, mostramos que las empresas con mayores emisiones absolutas de carbono no obtienen mayores rentabilidades una vez que las emisiones se retrasan lo suficiente. Cuando las emisiones no se retrasan, reproducimos muy de cerca la prima positiva del carbono documentada por Bolton y Kacperczyk (2021). Este resultado demuestra que la prima del carbono reportada en niveles de emisiones está impulsada por un sesgo look-ahead inherente a las emisiones estimadas que están mecánicamente vinculadas a ingresos futuros.
Segundo, explicamos por qué la evidencia basada en regresiones sobre la prima del carbono ha sido frágil y a menudo contradictoria. Mostramos que las estimaciones de regresión de panel son altamente sensibles a decisiones de implementación que a menudo se consideran inocuas. Las emisiones de carbono y las intensidades están fuertemente sesgadas a la derecha, lo que exige transformaciones logarítmicas, y las emisiones absolutas están altamente correlacionadas con los ingresos y el tamaño de la empresa, generando una grave multicolinealidad. Estas características hacen que las estimaciones de coeficientes sean inestables según los conjuntos de controles, las estructuras de retraso temporal y el tratamiento de valores atípicos. Esta contribución aclara por qué estudios previos basados en regresión han llegado a conclusiones divergentes incluso utilizando datos similares.
Tercero, examinamos si los ordenamientos de carteras revelan un factor robusto green-minus-brown y bajo qué condiciones sobrevive. Utilizando la intensidad de carbono como variable de ordenación, documentamos diferencias de rentabilidad green-minus-brown económica y estadísticamente significativas cuando se permiten sesgos sectoriales, en línea con Pàstor, Stambaugh y Taylor (2022). Sin embargo, esta prima se debilita sustancialmente y deja de ser estadísticamente significativa bajo una ordenación neutral por sectores. Este resultado reconcilia la evidencia de carteras con los hallazgos de regresión al mostrar que la existencia de un factor verde depende críticamente de si los efectos de composición sectorial forman parte de la definición de lo “verde”.
La Figura 2 muestra el rendimiento acumulado de nuestro factor “green minus brown” durante el periodo 2010-2025. Las partes punteadas de las líneas indican el rendimiento fuera de muestra respecto a Pàstor, Stambaugh y Taylor (2022), que analizan el periodo desde noviembre de 2012 hasta diciembre de 2020. A pesar de las diferencias en la muestra de acciones y en la variable de ordenación, el comportamiento en el periodo dentro de muestra es muy similar: las acciones verdes superan claramente a las marrones cuando se permiten sesgos sectoriales, y muestran un comportamiento más débil, aunque todavía positivo, cuando se impone neutralidad sectorial.
La Figura 4 muestra el coste medio de capital para los terciles superior e inferior de acciones ordenadas por emisiones de carbono dentro de su sector. Aunque existe una variación sustancial a lo largo del tiempo, el coste de capital de las empresas verdes y marrones se mueve en gran medida al unísono hasta el Acuerdo de París de 2016. Después, ambas series comienzan a divergir, con las empresas marrones enfrentándose a mayores costes de capital. Más concretamente, el diferencial del coste de capital aumenta en los primeros años posteriores al Acuerdo de París, pero permanece en gran medida estable después de 2019.”
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Resumen
El S&P 500 (SPY) sigue estando súper concentrado, y unos indicadores económicos inestables todavía no han llevado al punto de inflexión en el que este salvaje mercado alcista, que comenzó a finales de 2023, termine finalmente. Aunque mis selecciones individuales de acciones han ido muy bien, en gran medida dejé pasar una gran oportunidad de comprar el mercado caro y venderlo todavía más caro. Dicho esto, hay oportunidades ahí fuera que no dependen de que el S&P siga disparándose año tras año.
Los inversores pasivos están dejando dinero sobre la mesa en bonos
Los mercados de renta variable están impulsados en gran parte por cambios en el sentimiento, que modifican los precios. Los bonos, en cambio, están impulsados sobre todo por las matemáticas. Y dado que sus flujos de caja son predecibles, un sentimiento inversor mal colocado representa para ti una fuente de beneficio, no una fuente de frustración y FOMO como ocurre con las acciones. La forma más limpia de demostrarlo es en el mercado de Treasuries estadounidenses. Piensa en ello así: la oferta de Treasuries viene determinada en gran medida por necesidades y calendarios fijos de financiación del gobierno, y la demanda está determinada en gran parte por las preferencias de los inversores y los flujos hacia fondos. Ninguno de estos dos grupos, en conjunto, está obsesionado con ejecutar operaciones y conseguir el mejor precio posible.
La forma en que los traders representan esto es con algo llamado curva de rendimientos, que es un gráfico de los rendimientos de los Treasuries por vencimiento, actualizado a diario y publicado online. Antes de internet, esto se publicaba durante siglos en los principales periódicos de todo el mundo. En este sentido, una de las operaciones más conocidas del mercado de bonos consiste en invertir en bonos o notas individuales en aquellas partes de la curva de rendimientos que te están compensando mejor.

Si simplemente metes dinero en un fondo de bonos, puede que estés o no en una parte favorable de la curva de rendimientos. Normalmente, no lo estás.
Las dos fuentes de rentabilidad en bonos
1. La primera y más obvia son los pagos de intereses.
2. La segunda fuente, menos evidente, se llama rentabilidad por rolldown. A medida que los bonos se acercan al vencimiento, tienden a apreciarse en precio porque hay menos riesgo de tipo de interés y de crédito. Si mantienes un bono a 10 años durante un año, se convierte en un bono a 9 años. En un mercado normal, esto a menudo significa que tu bono pasará de cotizar a 100 a cotizar a 101 en un año. Pero para capturar esa rentabilidad, realmente tienes que vender el bono e ir a comprar otro bono a 10 años.
Uniendo ambas cosas, podemos llevar la curva de rendimientos a una tercera dimensión e invertir nuestro dinero no solo en función de cuánto interés estamos cobrando, sino también para capturar las rentabilidades por rolldown. Hay cosas extremadamente sofisticadas que algunos inversores institucionales hacen con esto, pero nuestros objetivos son más simples: operar bonos por tu cuenta y batir la rentabilidad de los fondos de bonos.
Un ejemplo real: cómo ganar hoy un 1,5% más de rentabilidad total anual esperada en Treasuries
La mayoría de los brokers permiten operar Treasuries directamente en su plataforma. Para este ejemplo, usaremos Vanguard.
Una vez que inicias sesión, haz clic en “products and services” y luego en “bonds”. Desde ahí, tendrás que navegar hasta la página del mercado secundario de bonos, que tiene este aspecto.
Cómo operar bonos del Tesoro

Consulté notas y bonos del Tesoro, introduje los vencimientos deseados, que son bonos que vencen en 10 a 15 años, y después pulsé buscar.
Rentabilidades de bonos en Vanguard

He destacado aquí un par de bonos para ilustrarlo. El primero vence dentro de 14 años y paga un 4,541% si lo compras. El segundo paga un 4,409% si lo compras. Como puedes ver, ya lo estamos haciendo algo mejor que el Treasury a 10 años, que paga un 4,317% en el momento de escribir esto. Con unas pocas pulsaciones de teclado, capturamos 22,4 puntos básicos de rentabilidad extra, y además evitamos otros 15 puntos básicos en comisiones frente a invertir en un ETF amplio como el iShares 10-Year Treasury Fund (IEF).
Conseguir algo más de rentabilidad está bien, pero la verdadera razón para hacer esto es que, dentro de un año, nuestro bono a 14 años se convierte en un bono a 13 años. Hay que tener algo de cuidado para asegurarse de que estás comparando bonos con cupones similares para que su riesgo de duración sea parecido —la pista aquí es comprobar que coticen a precios similares respecto al nominal—, pero si asumimos de forma conservadora que capturamos 11 puntos básicos aquí en rolldown y nuestra duración es de 11 años, deberíamos obtener una ganancia de capital adicional del 1,21% manteniendo este bono durante un año.
Eso nos lleva a una rentabilidad total esperada de aproximadamente el 5,75%, superando claramente lo que probablemente entregará un fondo de bonos típico. Pasar de una rentabilidad esperada del bono de alrededor del 4,25% en un fondo típico a un 5,75% es suficiente como para cambiar seriamente los cálculos de jubilados y prejubilados que intentan estimar cuánto les permitirá vivir su cartera. IEF e índices agregados de bonos como el Vanguard Total Bond Market Index (BND) pueden captar o no estas primas de rolldown. Replicar el mercado amplio es razonablemente eficaz en acciones, pero en bonos eso implica destinar grandes cantidades de dinero a zonas del mercado sin importar qué compensación estén ofreciendo.
Los bonos tienen menos riesgo, pero no están exentos de riesgo
La rentabilidad de los bonos no está garantizada al 100%. Si los tipos de interés suben y el tramo largo de la curva se empina, nuestros bonos caerán de valor debido a su exposición al riesgo de tipos. Los Treasuries a 10 años suelen caer alrededor de un 7% en precio cuando sufren una subida de 100 puntos básicos en los tipos. A la inversa, si las rentabilidades caen un 1% —como suele ocurrir en una recesión—, los tenedores de Treasuries a 10 años verían un aumento de precio de aproximadamente el 7%.
Sin embargo, las matemáticas —más sobre esto aquí— respaldan claramente que existe un viento de cola o prima de riesgo en bonos por encima de lo que puedes esperar solo por rentabilidad corriente. Si de todos modos vas a invertir en bonos, más te vale posicionarte para disfrutar de ese viento de cola. Los académicos podrían argumentar que no es una comida gratis y que estamos obteniendo una prima de riesgo por invertir en bonos menos líquidos, pero ganar un 1,25% extra al año por un coste de transacción de 1 punto básico me parece un gran trato.
La curva de rendimientos es en parte arte y en parte ciencia. Pero, en general, los bonos a 30 años están caros en relación con su riesgo, y los bonos con vencimiento de 3 años o menos están muy influidos por los movimientos esperados de tipos de la Fed, y todo lo que queda en medio es terreno válido para maximizar la rentabilidad ajustada al riesgo.
Ten en cuenta también que si actualmente estás pagando un 6% o un 7% en una hipoteca, te conviene más eliminar pasivos de tu balance que intentar ganar dinero operando bonos. Pero para los inversores con activos que buscan ingresos y cierta apreciación de precio, tener algo de operativa DIY en bonos en la caja de herramientas es muy valioso.
Conclusión
Hay otras formas de estructurar estas operaciones, con Treasuries a plazos más cortos o más largos, bonos corporativos y municipales. Si respetas las matemáticas y te posicionas con inteligencia, siempre pondrás las probabilidades a tu favor. Y como la correlación con el mercado bursátil es bastante baja, puedes obtener buenas rentabilidades con el tiempo con esto como complemento y alternativa a tus inversiones en acciones.
Este artículo fue escrito por
Logan Kane
Mis artículos suelen tratar sobre tendencias macroeconómicas, estrategia de cartera, inversión en valor y finanzas conductuales. Me gusta beneficiarme de los sesgos y restricciones de otros inversores.
Divulgación del analista: No tengo / no tenemos ninguna posición en acciones, opciones o derivados similares en ninguna de las compañías mencionadas, y no tenemos planes de iniciar ninguna de esas posiciones en las próximas 72 horas. He escrito este artículo yo mismo y expresa mis propias opiniones. No estoy recibiendo compensación por ello (aparte de la de Seeking Alpha). No tengo ninguna relación comercial con ninguna empresa cuyas acciones se mencionan en este artículo.
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Hay datos macro que mueven el mercado y hay datos que lo sacuden como si le tiraran un cubo de agua fría. Eso es lo que ocurre cuando un informe de nóminas no agrícolas sale muy por encima de lo esperado. El dato de marzo no solo superó previsiones, sino que lo hizo con una diferencia de 113.000 empleos, una magnitud lo bastante grande como para alterar de golpe la narrativa de crecimiento, tipos y posicionamiento. En esos momentos, el mercado reacciona rápido, casi por reflejo. Pero una cosa es el primer impulso y otra muy distinta lo que suele pasar después.

La reacción inicial tiene bastante lógica. Un dato de empleo tan fuerte transmite la idea de que la economía sigue resistiendo mejor de lo esperado. Más empleo implica, en principio, más ingresos, más consumo y menos miedo inmediato a una desaceleración brusca. Por eso, históricamente, cuando el dato sorprende al alza en más de 110.000 empleos, el primer movimiento suele ser una compra agresiva de activos ligados al crecimiento, especialmente en la pequeña capitalización. Las small caps tienden a beneficiarse de esa lectura de mejora cíclica porque son más sensibles a la actividad doméstica y al apetito general por riesgo.
Al mismo tiempo, el otro lado de la moneda también aparece enseguida. Si el mercado interpreta que la economía está demasiado fuerte, también asume que los rendimientos de los bonos pueden subir y que la Reserva Federal tendrá menos margen para relajarse. Eso castiga especialmente al Treasury a 10 años, que históricamente ha sufrido bastante en la sesión del dato cuando la sorpresa en empleo ha sido tan grande. Tiene sentido: un mercado laboral fuerte reduce la urgencia de bajar tipos y, en algunos casos, incluso vuelve a meter sobre la mesa el riesgo de una política monetaria más dura durante más tiempo.
Hasta ahí, la película parece bastante clara. Buenos datos, bolsa arriba, bonos abajo. Pero el mercado tiene la mala costumbre de complicar los relatos simples. Y aquí entra la parte más interesante del patrón histórico: ese impulso inicial en renta variable suele perder fuerza en las siguientes una a cuatro semanas. Es decir, el entusiasmo del primer día no siempre se convierte en una tendencia sólida. Muchas veces se va desinflando. El mercado digiere el dato, reevalúa implicaciones y empieza a preguntarse si una economía más fuerte también significa tipos más altos durante más tiempo, presión sobre valoraciones o condiciones financieras menos favorables.
Ahí es donde el comportamiento posterior se vuelve bastante más fino. Mientras la fuerza inicial de la renta variable tiende a moderarse, activos refugio como el oro suelen empezar a recibir una demanda más clara. A primera vista parece contradictorio. ¿Por qué iba a subir el oro después de un dato fuerte de empleo? Precisamente porque el mercado deja de pensar solo en crecimiento y empieza a mirar el cuadro completo: tipos reales, tensiones geopolíticas, protección frente a errores de política monetaria y búsqueda de diversificación si el rebote inicial de las acciones empieza a agotarse.
En otras palabras, el gran dato de empleo suele funcionar como un fogonazo. Primero enciende el apetito por riesgo, después obliga a recolocar expectativas. Y en ese segundo movimiento es donde muchas veces aparece el valor táctico. No tanto en perseguir la euforia inicial, sino en buscar rotaciones más silenciosas y más inteligentes. Si la historia rima, las semanas posteriores a un gran NFP no siempre premian al que corre detrás de la primera vela verde, sino al que entiende que el mercado ya ha descontado lo obvio y empieza a moverse hacia lo menos evidente.
Por eso conviene no quedarse solo con el titular. Un informe de empleo espectacular puede dar alas a las acciones en el muy corto plazo, sí, pero esa ventaja ha demostrado ser bastante transitoria. La reacción inmediata suele ser vistosa, incluso violenta, pero no necesariamente duradera. En cambio, el entorno posterior puede abrir oportunidades en áreas que al principio parecen ajenas al dato, como los metales preciosos. Y ahí está precisamente lo interesante: el mercado no siempre recompensa al activo que más brilla el primer día, sino al que queda mejor posicionado cuando se enfría la adrenalina.
Eso sí, hay una advertencia importante. Todo este patrón histórico puede quedar alterado si el contexto geopolítico se complica. Cuando entran en juego riesgos externos serios, conflictos o shocks energéticos, el mercado deja de obedecer con disciplina sus medias históricas y empieza a reaccionar con un nerviosismo mucho más imprevisible. Así que sí, el gran dato de empleo ofrece una hoja de ruta útil. Pero no conviene tratarla como una ley sagrada. En mercado, la historia orienta, no garantiza. Y cuando el entorno se enrarece, hasta el patrón más elegante puede saltar por los aires.
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Desde marzo de 1965 hasta julio de 1970, la tasa de desempleo se mantuvo todos y cada uno de los meses por debajo del 5%.
Esa es la racha más larga registrada en la historia económica moderna… hasta ahora.
Desde el otoño de 2015, la tasa de desempleo ha estado por debajo del 5% durante 125 meses consecutivos:

Vale, de acuerdo, este gráfico no es técnicamente exacto.
La tasa de desempleo se disparó hasta el 14% durante los primeros meses del Covid. Pero eso no fue una recesión real. No hubo ciclo crediticio. Fue algo provocado artificialmente. A las personas que cobraban prestaciones por desempleo se les estaba pagando por no trabajar. El gobierno estaba pagando a las empresas para que siguieran abiertas.
El mercado laboral, en esencia, se recuperó de inmediato.
Claro, algunos argumentarán que quizá el ciclo económico habría seguido su curso si la pandemia no hubiera llevado a los gobiernos a gastar billones de dólares. Es una objeción razonable.
Pero creo que es un argumento legítimo decir que esta ha sido la expansión económica más larga de la historia.
No ha habido una recesión real desde 2009.
Tampoco ha habido un ciclo crediticio en todo este tiempo.
No ha habido crisis financieras dignas de mención.
El mercado bursátil solo ha registrado dos años negativos en los últimos 17. El S&P 500 sube casi un 14% anual desde comienzos de 2009.
La economía ha seguido creciendo a pesar de una inflación del 9%, de que la Fed subiera los tipos desde el 0% hasta el 5% con rapidez, de los aranceles, de las guerras, de los shocks energéticos y de más factores.
Como mínimo, esta es la expansión económica más impresionante teniendo en cuenta todo lo que ha tenido que soportar.
Este boom económico no siempre ha sido perfecto. Desde luego, hay partes de la economía que han tenido dificultades. No todos los hogares se han beneficiado por igual.
En algún momento el ciclo se dará la vuelta. No sé cuándo ni por qué. Nadie lo sabe.
Todos los que han estado prediciendo la caída de la economía desde el final de la Gran Crisis Financiera se han equivocado, muchas veces de forma espectacular.
La economía, sencillamente, sigue avanzando.
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El sector energético tiene una forma muy suya de poner nervioso al mercado. Cuando sube, suele hacerlo con violencia. Y cuando cae, tampoco se queda corto. Por eso, cuando coinciden una caída brusca en las acciones energéticas y un desplome rápido del crudo, muchos inversores empiezan a hacerse la misma pregunta: ¿estamos ante una oportunidad clara de reversión a la media o simplemente frente a otro rebote tentador dentro de un activo salvaje? Ahora mismo, esa duda vuelve a estar sobre la mesa.

La señal que ha saltado no es menor. El XLE, el ETF del sector energético, cayó un 7% mientras que el crudo se desplomó un 15% en menos de tres semanas. Esa combinación configura un episodio raro de capitulación doble, una sacudida en la que tanto la materia prima como las compañías vinculadas a ella sufren una liquidación rápida y agresiva. En términos de mercado, eso suele significar una cosa: mucha gente ha vendido deprisa, probablemente por miedo, por reducción de riesgo o por la sensación de que había que salir antes de que el daño fuera mayor.
Y es precisamente ahí donde empieza a ponerse interesante la lectura histórica. Cuando este tipo de evento se ha producido en el pasado, el comportamiento posterior del sector energético ha sido notablemente fuerte. Históricamente, las acciones de energía han llegado a subir un 100% en tres meses tras señales de este tipo. Eso no es una recuperación cualquiera. Es el tipo de reacción que recuerda algo esencial de este sector: cuando la energía gira, puede hacerlo con una agresividad tremenda. No es un rincón del mercado que se mueva con modales. Si encuentra suelo y aparece flujo comprador, el rebote puede ser muy superior al que muchos esperan.
Además, el patrón no parece limitarse solo al propio sector. El S&P 500 también ha mostrado históricamente una ganancia cercana al 8% a doce meses en este contexto, acompañado de una cierta rotación defensiva. Eso sugiere que la señal no solo puede favorecer a la energía como operación táctica, sino también coincidir con una fase de mercado en la que los inversores empiezan a redistribuir exposición de forma más selectiva. Es decir, no necesariamente un festival alcista desenfrenado, pero sí un entorno donde algunos segmentos castigados encuentran espacio para una recuperación razonable.
Ahora bien, aquí viene la parte menos simpática, que es la que separa una oportunidad seria de una fantasía peligrosa. El crudo no muestra una reversión a la media consistente. Y eso es crucial. Porque uno podría pensar que si el petróleo cae mucho y muy rápido, lo lógico sería que rebotara con cierta fiabilidad. Pues no necesariamente. La historia dice que el petróleo puede seguir comportándose como un animal difícil, errático y capaz de arruinar una buena tesis con otro tramo violento en dirección contraria. En otras palabras, las acciones energéticas pueden ofrecer una asimetría interesante, pero el crudo en sí mismo no da la misma comodidad estadística.
Eso obliga a matizar bastante la estrategia. No estamos ante una señal limpia de “comprar energía y olvidarse”. Estamos ante una situación donde el potencial de reversión existe, sí, pero convive con volatilidad elevada, riesgo de cola y drawdowns intermedios muy severos. En algunos casos extremos, esas caídas intermedias han llegado al 50%. Y eso ya no es una sacudida menor ni una simple prueba emocional. Eso es el tipo de recorrido que destroza posiciones mal dimensionadas y saca del mercado incluso a quien tenía razón en el fondo, pero no en la gestión.
Por eso, la mejor forma de leer esta señal quizá no sea como una invitación a lanzarse con entusiasmo, sino como una oportunidad táctica que exige respeto. La asimetría puede estar ahí, especialmente en las acciones del sector, pero necesita tamaño adecuado, paciencia y una tolerancia real a la incomodidad. Porque en energía no basta con acertar la dirección general. También hay que sobrevivir al trayecto. Y el trayecto, como casi siempre en este sector, puede parecerse más a una pelea en una escalera que a un paseo por el parque.
La conclusión, por tanto, es menos romántica pero más útil. Sí, la doble capitulación en energía puede abrir una oportunidad operable de reversión a la media, sobre todo en renta variable sectorial. Pero no conviene confundir eso con una señal limpia y sin complicaciones. El crudo sigue siendo inestable, los drawdowns pueden ser brutales y el mercado puede tardar en premiar una tesis correcta. Así que la oportunidad existe, pero viene con dientes. En energía, como tantas veces, el premio potencial puede ser alto precisamente porque el camino para capturarlo no será nada cómodo.
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El conflicto no resuelto en Oriente Medio seguirá ocupando el centro de la escena esta semana. Está teniendo un impacto inmediato sobre los precios de la energía en Estados Unidos. El bloqueo estadounidense del estrecho de Ormuz volverá a impulsar los precios al alza al comienzo de la semana. El efecto sobre la cadena inflacionaria en Estados Unidos sigue siendo el tema macroeconómico dominante, por delante de la publicación del IPP de marzo del martes.
Una semana relativamente tranquila en el frente de los datos económicos significa que la atención también recaerá con fuerza sobre los miembros de la Fed que hablarán públicamente, entre ellos Barr, Barkin, Collins, Goolsbee, Bowman, Williams y Waller, a medida que se acerca el periodo de silencio previo a las reuniones. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, hablará el martes y el gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, lo hará el miércoles, añadiendo una dimensión internacional a la narrativa de los bancos centrales.
Aquí están las principales referencias económicas de Estados Unidos que más probablemente influirán esta semana en la visión de los inversores sobre la inflación, el mercado laboral y la actividad empresarial:
(1) IPP. El informe del IPP de marzo (martes) mostrará que la inflación general y subyacente de esta medida de precios de producción se aceleró de forma significativa el mes pasado. Ya se estaba acelerando en febrero antes de que empezara la guerra (gráfico). Es probable que ambas suban hasta el 4,0% interanual.

Los índices de precios pagados del ISM repuntaron con fuerza en marzo, lo que indica que las presiones inflacionarias sobre el IPP seguirán aumentando durante los próximos seis meses (gráfico).

(2) Desempleo. Las solicitudes iniciales de subsidio por desempleo (jueves) subieron hasta 219.000 en la semana del 3 de abril, mientras que la media móvil de cuatro semanas aumentó hasta 209.500, su primer repunte en varias semanas (gráfico). Las solicitudes continuadas cayeron hasta 1.794.000, y la trayectoria sugiere que la duración del desempleo podría estar acortándose (gráfico). Es probable que los datos de esta semana confirmen que el mercado laboral sigue mostrando resiliencia; el shock energético aún no le ha golpeado.

(3) Producción industrial. La producción industrial (miércoles) se situó en 102,6 en febrero, con la manufactura en 97,6, todavía por debajo de sus máximos previos a la pandemia (gráfico). Sin embargo, ambas han mostrado una tendencia al alza desde comienzos de 2025, mientras que las horas trabajadas en manufactura se han mantenido relativamente planas, lo que sugiere que la productividad está creciendo. Esperamos más de lo mismo en marzo, con fuertes avances en la producción de hardware de tecnología de la información y defensa.

(4) Empresas y encuestas regionales. Las encuestas regionales de la Fed de abril serán las primeras lecturas adelantadas sobre las condiciones empresariales desde que comenzó la guerra, con la publicación de los sondeos de la Fed de Nueva York (miércoles) y la Fed de Filadelfia (jueves). Ambas tienden a ser muy volátiles (gráfico).

La encuesta de marzo de la NFIB sobre pequeñas empresas (martes) ofrecerá pistas sobre cómo están respondiendo los pequeños negocios a la guerra. El Índice de Optimismo de la NFIB se situó en 98,8 en febrero, ligeramente por encima de su media de largo plazo de 97,9 (gráfico). Cayó con fuerza durante el shock energético de 2022. Es probable que vuelva a hacerlo.

También vigilaremos los indicadores del mercado laboral dentro de la encuesta de la NFIB para detectar señales de que la guerra está debilitando los planes de contratación (gráfico).

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Hay momentos en los que el mercado cambia de tono sin pedir permiso. No suele avisar con titulares elegantes ni con una señal perfecta para que todo el mundo entre tranquilo. Simplemente, deja de caer como antes y empieza a comportarse de otra manera. Eso es lo que sugiere ahora mismo el Nasdaq 100, después de una sacudida correctiva que había dejado al sector tecnológico en una situación delicada. La gran pregunta ya no es solo cuánto ha caído, sino si ya hemos visto lo peor y el mercado está comenzando a girar de forma más seria.

La señal que ha encendido esta hipótesis no viene solo del precio, sino de algo más profundo: la amplitud de mercado de corto plazo. En el caso del QQQ, el porcentaje de acciones que cotizan por encima de su media móvil de 10 días ha pasado de menos del 30% a más del 70% en apenas cinco sesiones. Eso no es un simple rebote técnico de fin de semana ni una recuperación tímida. Es un impulso violento y coordinado, una especie de latigazo alcista que históricamente ha aparecido cuando el mercado empieza a salir de una fase de presión intensa.
Y aquí está lo importante: cuando este tipo exacto de reversión de momentum se ha producido en el pasado, el Nasdaq 100 ha mostrado una tasa de acierto del 80% a un año. Eso no significa garantía, porque el mercado no firma contratos con nadie, pero sí sugiere que no estamos ante una señal menor. Cuando un índice tan sensible al crecimiento, a los tipos y al apetito por riesgo recupera amplitud con esta velocidad, suele reflejar que la demanda vuelve a entrar de forma bastante más amplia de lo que parece a simple vista en dos o tres nombres grandes.
Eso además conecta con otro punto decisivo. No parece ser solo un rebote aislado dentro de la tecnología. La amplitud de corto plazo también ha superado el umbral clave del 70% en el S&P 500 y en el Dow Jones. Esa sincronía importa. Mucho. Porque cuando la mejora interna se expande más allá del Nasdaq, el mensaje cambia. Ya no hablamos solo de un puñado de compañías tecnológicas recuperándose tras una caída severa, sino de un entorno más amplio de “Risk-On”, es decir, de mayor disposición general del mercado a asumir riesgo. Y cuando ese cambio aparece de forma coordinada, suele ser más fiable que cuando solo rebota una esquina concreta del tablero.
Ahora bien, conviene no ponerse poético antes de tiempo. Que probablemente estemos cerca del final de la corrección no significa que el camino vaya a ser limpio. Los mercados rara vez suben en línea recta después de una sacudida importante. Puede haber retrocesos, consolidaciones, jornadas feas y algún susto adicional. Pero una cosa es que el mercado siga teniendo baches y otra muy distinta es que siga instalado en un proceso correctivo profundo. Lo que esta señal histórica sugiere es que la fase más destructiva podría haber quedado atrás, aunque el avance posterior no tenga por qué ser cómodo ni ordenado.
En realidad, eso es lo que suele confundir a muchos inversores. Esperan que el final de una corrección se vea bonito. Y casi nunca ocurre así. Lo normal es que el mercado gire cuando todavía hay dudas, cuando todavía abundan los comentarios prudentes, cuando todavía muchos están esperando “más confirmación”. Pero la confirmación perfecta suele llegar bastante más arriba. Por eso, una expansión brusca y sincronizada de la amplitud tiene tanto valor: porque muestra que el mercado real, el de debajo del índice, empieza a mejorar antes de que el relato cambie del todo.
Así que, con toda la cautela que exige siempre el mercado, la lectura histórica es bastante clara. Este tipo de impulso suele aparecer cuando la corrección pierde fuerza y empieza una fase de recuperación más duradera. No asegura que no habrá volatilidad. No asegura que no veremos algún retroceso. Pero sí inclina la balanza a favor de que el Nasdaq 100 haya dejado atrás la parte más peligrosa del ajuste. Dicho sin adornos: cuando la amplitud se enciende así, y además lo hace con confirmación del resto del mercado, normalmente no estamos viendo un simple rebote técnico. Estamos viendo un cambio de régimen.
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Peter Davies es director ejecutivo de Jigsaw Trading. Es trader profesional de order flow en futuros del S&P 500.
Me gustaría empezar reconociendo a mis compañeros nerds. Aquellos de vosotros que alguna vez os quedasteis mirando los resultados de un backtest y dijisteis:
«Voy a ser rico, muy rico»
Por supuesto, luego llega la decepción aplastante cuando te das cuenta de que estaba extremadamente sobreoptimizado y de que no hay forma de que funcione en el futuro.
Buenos tiempos.
En fin, es muy fácil dejarse engañar por los números. Por ejemplo: el ratio Riesgo:Beneficio.
Si entras aleatoriamente con una orden limitada con un ratio riesgo/beneficio de 1:1, ganarás el 50% de las veces. Si entras al mercado con un ratio riesgo/beneficio de 9:1 (arriesgando 9 para ganar 1), ganarás el 90% de las veces. Ambos serán ligeramente menores si cedes el spread y entras a mercado.
Ya hablamos tiempo atrás del «alcance de la señal»: hasta dónde suele mover el mercado ese evento. Si tu objetivo está más allá de ese punto, es más probable que toques tu stop. Jugar con el ratio riesgo/beneficio puede darte una tasa de acierto más alta, pero eso no significa necesariamente que vayas a ganar más dinero.
De ahí: engañados por los números.
El mayor ejemplo de gente engañada por los números está en el libro «Trade Your Way To Financial Freedom» de Van K. Tharp, que explica un experimento con Tom Basso.
En él, probaron un «sistema» que «demostró» que podías ganar dinero operando de forma aleatoria.
Entraban al mercado con el lanzamiento de una moneda. Usaban un trailing stop para salir.
El sistema era rentable. Pero esos tipos obviamente no tenían TDAH. Si lo hubieran tenido, les habría puesto los nervios de punta.
Pensemos en lo que hace esta estrategia. Entramos al mercado. No importa si vamos largos o cortos. Tenemos una orden de stop loss dinámico que seguirá al mercado si se mueve en la dirección del trade y se quedará donde está cuando el mercado se mueva en nuestra contra.
Si el mercado está en tendencia, los perdedores serán sacados rápidamente por el stop. Por otro lado, el trailing stop asegura que los ganadores seguirán la tendencia.
Los trades ganadores SERÁN más grandes que los perdedores. De ahí viene el beneficio.
Entonces, ¿cuál es el problema? ¿Por qué estoy siendo tan aguafiestas?
El sistema funcionó porque el mercado estaba en tendencia. Es una estrategia de seguimiento de tendencia. Parece impresionante porque la gente asume que la ventaja en un sistema siempre está en la entrada. Con esta estrategia, la ventaja es una combinación de:
Saber cuándo activarlo. La estrategia de salida.
El trailing stop era la ventaja, en determinadas condiciones.
No estoy seguro de si Van K. Tharp y Tom Basso nos estaban tomando el pelo o si realmente creían que podían «lanzar una moneda hasta la libertad financiera».
Así que la lección de hoy es sencilla. La ventaja no siempre está donde crees que está, y jugar con los números más allá del alcance de tu señal puede mejorar tu tasa de acierto pero no tu rentabilidad.
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La mayoría de traders están entrenados para reaccionar a los titulares. Sorpresas en resultados, mejoras de analistas, lanzamientos de productos, fusiones. Cuando nada de eso está ocurriendo, es fácil asumir que no hay nada que hacer.
Pero algunas de las señales más útiles aparecen cuando el flujo de noticias está en calma.
Esa es una de las razones por las que muchos traders activos prestan atención a las compras de insiders. No porque sea un atajo hacia los beneficios, ni porque sea «información secreta». Las transacciones legales de insiders se reportan públicamente a través de los registros de la SEC. La ventaja viene del contexto. Cuando un directivo de una empresa decide comprar acciones con su propio dinero durante un periodo de baja atención, puede merecer una mirada más atenta.
Este artículo analiza por qué las compras de insiders durante ciclos de noticias tranquilos pueden importar, qué buscar y cómo evitar errores comunes.
Las compras de insiders suelen aumentar durante periodos de baja cobertura mediática, cuando las valoraciones pueden pasar desapercibidas para el mercado en general.
¿Qué se considera «tranquilo» en el mercado?
Un ciclo de noticias tranquilo normalmente significa:
Sin comunicados de prensa importantes de la empresa en los últimos días. Sin anuncio de resultados en la ventana inmediata. Poca actividad en redes sociales o cobertura mediática. Volumen de negociación medio o por debajo de la media. Menos oscilaciones grandes de precio de lo habitual.
En estos periodos, los precios suelen moverse con inputs más pequeños. Eso puede ser bueno y malo. Puede significar menos competencia por la atención, pero también significa menos liquidez y menos catalizadores obvios.
Por qué las compras de insiders destacan cuando no hay titulares
1. Es una forma de «convicción revelada»
Cualquiera puede decir que cree en el negocio. Comprar acciones es una acción de mayor fricción. Cuando los insiders compran durante un periodo tranquilo, no están «cabalgando la noticia». Están eligiendo un momento en el que el mercado no está ya entusiasmado.
Eso puede señalar:
Que creen que la acción está infravalorada a los precios actuales. Que creen que la ejecución próxima será mejor de lo esperado. Que tienen confianza en que la empresa puede navegar un desafío a corto plazo.
Nada de eso garantiza un movimiento. Simplemente plantean la pregunta: «¿Por qué ahora?»
2. Los periodos tranquilos pueden crear ineficiencias en precio
Cuando la atención es baja, menos participantes están revalorando activamente nueva información. Si los insiders están comprando después de una caída lenta, o durante un rango lateral, el mercado puede no reaccionar de inmediato.
Para los traders, esto puede importar porque el «setup» puede formarse antes de que llegue la multitud.
3. Puede ser una pista temprana, no una tesis completa
Las transacciones de insiders son un input. No son un informe de análisis completo. En ciclos tranquilos, pueden actuar como un estímulo para hacer un análisis más inteligente y más rápido.
Qué buscar (y qué ignorar)
No todas las compras de insiders son iguales. Si quieres tratar esto como una señal seria, céntrate en los detalles que te ayuden a separar la actividad significativa del ruido.
Las señales de mayor calidad suelen incluir:
Compras en mercado abierto (el insider comprando acciones en el mercado abierto, no recibiéndolas como compensación). Múltiples insiders comprando en una ventana corta de tiempo (lo que a menudo se llama compra en «cluster»). Compras repetidas por el mismo insider a lo largo del tiempo. Tamaño relativo a las transacciones habituales del insider (una compra de 50.000 dólares significa cosas distintas dependiendo de la persona y la empresa). Contexto limpio, como liquidez estable y sin picos extremos de un solo día.
Señales que requieren precaución adicional:
Compras muy pequeñas que parecen simbólicas. Acciones con poca negociación donde el precio puede ser manipulado. Situaciones donde el gráfico está extremadamente extendido al alza. Compras que ocurren junto con acciones corporativas confusas que aún no has revisado.
Una buena regla es sencilla: si no puedes explicar por qué la compra importa en una o dos frases, probablemente necesitas más contexto antes de tratarla como accionable.
Hacer seguimiento de las compras de acciones por parte de ejecutivos puede ayudar a identificar señales tempranas de confianza interna antes de anuncios importantes.
Un flujo de trabajo práctico para traders
Cuando veas actividad de insiders durante un ciclo de noticias tranquilo, usa una checklist repetible:
Confirma que es una transacción legal y reportada a través de los registros públicos de la SEC. Identifica el tipo de transacción y si es una compra en mercado abierto. Revisa la tendencia y la volatilidad. ¿La acción está oscilando, formando base o cayendo con fuerza? Mira la liquidez. ¿Puedes entrar y salir de forma realista sin un deslizamiento importante? Revisa el calendario. ¿Hay alguna fecha de resultados o evento importante que cambie el riesgo? Define tu plan «si-entonces». Si rompe por encima de un nivel, entonces consideras la entrada. Si pierde el soporte, entonces te apartas.
Esto mantiene la señal en su papel adecuado: un punto de partida para la toma de decisiones, no una decisión en sí misma.
Errores comunes que cometen los traders con las señales de insiders
Tratar cada compra de insider como alcista. Ignorar el régimen de mercado (una cinta débil puede anular las buenas señales de una empresa). Sobredimensionar la posición porque la historia «suena inteligente». Olvidar el horizonte temporal, ya que algunos movimientos se desarrollan a lo largo de semanas, no de horas. Confundir registros públicos con información no pública.
Si evitas esos errores, los datos de insiders pueden convertirse en una parte disciplinada de tu proceso.
Reflexión final: tranquilo no significa irrelevante
Un ciclo de noticias tranquilo puede esconder oportunidades, pero también esconde riesgo. El objetivo no es perseguir cada registro. Es detectar los momentos en los que un verdadero tomador de decisiones está comprando acciones mientras la multitud mira hacia otro lado, y luego aplicar tus estándares normales de trading.
Si quieres monitorizar estos registros sin pasarte las mañanas buceando entre informes en bruto, servicios como Insider Trading Alerts resumen las compras legales de insiders más destacadas en una lista corta y lista para la toma de decisiones. Usa ese tipo de recurso como un ahorro de tiempo, no como un sustituto de tu plan.
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¿Pueden las criptomonedas seguir ayudando a diversificar una cartera de renta variable, o esa ventaja ha desaparecido? Esa es la pregunta práctica detrás del estudio Crypto Contagion. El paper analiza cómo se transmiten los shocks entre las criptomonedas y la renta variable estadounidense, y lo que es más importante, cómo esa relación cambió tras el lanzamiento de los ETFs de criptomonedas. En lugar de basarse en correlaciones simples, los autores utilizan una combinación de detección de saltos (para aislar eventos de estrés reales) y técnicas de aprendizaje automático para identificar contagios reales. Al comparar los periodos antes y después de los ETFs, demuestran de forma efectiva cómo la estructura del mercado —y con ella, el comportamiento de las criptomonedas— ha cambiado.
Antes de los ETFs, las criptomonedas se comportaban mucho más como una clase de activo independiente. Las figuras 8-10 muestran que, mientras los ETFs de renta variable estaban estrechamente vinculados entre sí, la relación de Bitcoin con ellos era diferente: había conexión, pero no una integración real. Y lo que es más importante para la construcción de carteras, los movimientos de las criptomonedas tendían a compensar los movimientos de la renta variable. El estudio estima que un movimiento del 1% en BTC o ETH correspondía a un movimiento de aproximadamente -0,07% en el S&P 500, que es exactamente el tipo de comportamiento que se busca en un activo diversificador. En la práctica, esto significaba que las criptomonedas podían actuar como una cobertura parcial en determinadas condiciones de mercado, especialmente cuando los factores específicos de las criptomonedas eran los que impulsaban los retornos.
Tras la llegada de los ETFs de criptomonedas, esa historia cambia. Las criptomonedas empiezan a comportarse mucho más como un activo risk-on, moviéndose en la misma dirección que la renta variable y perdiendo la mayor parte de su valor como diversificador. Al mismo tiempo, los ETFs se convierten en el canal principal a través del cual la información y los flujos entran en el mercado. Eso tiene un efecto secundario interesante: mientras las correlaciones suben, la transmisión directa de shocks desde las criptomonedas hacia la renta variable en realidad se debilita, porque los ETFs absorben gran parte de la presión de rebalanceo. Para traders y gestores de carteras, la implicación es directa: las criptomonedas ya no son un diversificador limpio. Deben tratarse más como una extensión de alta beta de la renta variable, impulsada por el mismo sentimiento de riesgo subyacente y los mismos flujos institucionales.
Autores: Travis Dyer y Nicholas Guest
Título: Crypto Contagion
Enlace: https://ssrn.com/abstract=5630550
Resumen:
Proponemos un modelo de reparto de riesgo del contagio cripto. El contagio cripto es un evento económico en el que los desplomes de las criptomonedas se propagan a través de múltiples instrumentos financieros o incluso clases de activos enteras. La medición precisa del contagio facilita la predicción y la gestión de riesgos: la implementación proactiva de medidas que puedan detener el contagio una vez que se ha desencadenado.
Para medir el contagio, combinamos difusión de saltos con doble aprendizaje automático. Documentamos vínculos significativos, aunque cambiantes, entre los mercados de criptomonedas y los mercados de renta variable estadounidenses. Antes de la introducción de los ETFs de criptomonedas, las principales criptomonedas BTC-USD o ETH-USD se movían en dirección opuesta a los retornos del mercado estadounidense, ajustados por otros factores. Sin embargo, desde la introducción de los ETFs, los retornos de las criptomonedas ahora se mueven en tándem con los retornos del mercado estadounidense, eliminando los beneficios originales de la diversificación cripto. No obstante, el impacto de los retornos cripto sobre los retornos del SPY está disminuyendo, posiblemente debido a la popularidad de los ETFs de criptomonedas.
La estructura cambiante de dependencia de las criptomonedas sugiere que los ETFs cripto agregan información focalizada relativa a las innovaciones en criptomonedas. Esto significa que los inversores eligen los ETFs por encima de las criptomonedas como vehículo para compartir información, disfrutando de las protecciones de los mercados estadounidenses. Las propias criptomonedas están posiblemente evolucionando hacia entidades comparables a otras corporaciones, donde los ETFs cripto sirven como un indicador del sentimiento inversor sobre la innovación cripto. Estos hallazgos son consistentes con trabajos recientes que postulaban que los inversores alcistas en cripto están apostando por la adopción de las criptomonedas, de forma muy similar a como los inversores en los años 90 apostaron por la adopción de, por ejemplo, las compras online. Estos cambios hacen que los mercados estadounidenses sean menos susceptibles a las oscilaciones de las criptomonedas y menos propensos al contagio generalizado.
Como siempre, presentamos varias figuras y tablas interesantes:

Citas destacadas del paper:
«Los mercados de criptomonedas están construidos de forma diametralmente opuesta a los mercados tradicionales. Los mercados son globales. Los participantes son anónimos. Las pequeñas monedas ‘meme’ solo pueden emitirse sobre la infraestructura de las grandes monedas existentes. En este sentido, las grandes criptomonedas como Bitcoin y Ethereum actúan como agregadores y exchanges de facto para todo el volumen de monedas meme. Sin embargo, encontramos que ETH-USD y BTC-USD no muestran dependencia respecto a los cambios en las monedas más pequeñas. Este hallazgo refuerza nuestra conclusión de que ETH-USD y BTC-USD se están volviendo cada vez más similares a entidades corporativas estadounidenses que facilitan la emisión de monedas meme más pequeñas como clientes de BTC y ETH. En otras palabras, Ethereum y Bitcoin son vistos cada vez más como otras empresas innovadoras, y los inversores apuestan por su adopción, tal como lo hicieron con la adopción de las empresas ‘.com’ a finales de los años 90.»
«Los retornos del SPY mostraron relaciones negativas altamente persistentes con los retornos diarios del SPY. Las figuras 7 y 8 muestran la distribución de los coeficientes de regresión y los estadísticos t, respectivamente, de 521 regresiones de retornos diarios de ETFs individuales sobre los retornos diarios contemporáneos del SPY. Las regresiones de los retornos diarios de Bitcoin (BTC-USD) sobre ETFs individuales también mostraron dependencias estadísticas muy fuertes, aunque positivas. Las figuras 9 y 10 resumen las distribuciones de los coeficientes de regresión y los estadísticos t, respectivamente.»
«Nuestro primer periodo muestral abarca desde el 19 de octubre de 2021 hasta el 22 de julio de 2024, el día anterior a la introducción formal de ETHA y ETHV, los primeros ETFs de Ethereum. Mostramos que durante este periodo, la relación de Bitcoin con la mayoría de los ETFs estadounidenses perdió significación estadística, mientras que el ETF de Ethereum todavía mostraba una fuerte relación negativa entre sus retornos y los de los ETFs estadounidenses. Como muestra la Figura 18, los estadísticos t de las regresiones de los retornos diarios de ETH-USD sobre los de los ETFs estadounidenses frecuentemente alcanzaban entre -2 y -4, indicando una significación estadística del 99,99% en la importancia de la relación SPY-ETH.»
«Una vez dessesgados por los retornos de los ETFs estadounidenses, la regresión de los retornos del SPY sobre los retornos dessesgados de BTC-USD y ETH-USD generó resultados positivos significativos para ambas criptomonedas. Cuando ETH-USD o BTC-USD subían un 1%, el S&P 500 subía un 0,1% de media. Esto contrasta con el periodo anterior a los ETFs cripto, cuando los retornos del S&P 500 y las criptomonedas estaban correlacionados negativamente.»
«Como muestra este paper, los mercados de criptomonedas están cada vez más entrelazados con los mercados de renta variable tradicionales. Los beneficios de diversificación de las criptomonedas observados antes del lanzamiento de los ETFs cripto han desaparecido en gran medida. Al mismo tiempo, la introducción de los ETFs cripto parece haber creado fronteras en la transmisión de shocks entre ambos dominios, con los ETFs sirviendo como proxies del precio de las criptomonedas, igual que las acciones tradicionales lo hacen para las empresas. Los ETFs cripto esencialmente controlan los derrames negativos de información desde los mercados de criptomonedas hacia los mercados estadounidenses más amplios, el fenómeno conocido como contagio. En este sentido, las criptomonedas son verdaderamente la nueva tecnología innovadora, no una nueva forma del mundo, y Ethereum y Bitcoin son como empresas representadas en los mercados estadounidenses por los ETFs cripto.»
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Este es un gráfico de datos históricos del mercado bursátil que, desafortunadamente, puede estar cobrando una relevancia cada vez mayor. Conviene tener en cuenta lo siguiente:

De 1929 a 1949, el índice S&P 500, medido en términos ajustados por inflación, pasó de 545 a 193, perdiendo más de la mitad de su valor en un periodo de 20 años.
De 1968 a 1982, el índice ajustado por inflación pasó de 957 a 359, perdiendo de nuevo más de la mitad de su valor.
De 2000 a 2009, el índice ajustado por inflación pasó de 2.860 a 1.226, perdiendo una vez más más de la mitad de su valor.
La buena noticia es que, a lo largo de la historia en su conjunto, los precios de las acciones —incluso en términos ajustados por inflación— han estado en modo alcista, multiplicándose por más de 15 desde 1982. La mala noticia es que ha habido caídas significativas por el camino que perjudicaron a los inversores cercanos a la jubilación.
Desde 2009, el índice se ha multiplicado por más de cinco en términos ajustados por inflación. Ahora vemos precios del petróleo al alza y señales de inflación creciente junto con el inicio de un crecimiento más lento. Vemos un endeudamiento creciente a largo plazo en la economía.
La historia nos enseña que podríamos estar entrando en un periodo en el que la preservación de nuestro capital se vuelve tan importante como la rentabilidad de nuestro capital.
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Después de 232 días consecutivos de calma relativa, el VIX acaba de romper la barrera de los 30 puntos. Ha pasado de cotizar en mínimos de once meses a registrar máximos de once meses en un giro que refleja un cambio brusco en el estado emocional del mercado. De la complacencia casi absoluta al miedo declarado. Ese tipo de transición no ocurre todos los días, y cuando ocurre, suele generar una pregunta inmediata: ¿es momento de comprar?

La tentación es comprensible. Un VIX por encima de 30 históricamente se ha asociado con zonas de estrés elevado, y muchos inversores han aprendido que comprar cuando el miedo es extremo suele funcionar. Pero el matiz aquí es importante, porque no todos los picos de volatilidad son iguales. Lo que diferencia este episodio es que se produce con el S&P 500 cotizando por debajo de su media móvil de 200 días, lo que indica que no estamos ante un simple susto dentro de una tendencia alcista sana. Estamos ante un mercado que ya ha perdido su estructura técnica de largo plazo.
Y eso cambia la lectura. Cuando analizamos los 16 episodios históricos en los que el VIX superó los 30 con el S&P 500 por debajo de su media de 200 sesiones, los resultados a corto plazo no son tan generosos como muchos esperarían. En las primeras semanas, la relación entre riesgo y recompensa es prácticamente neutral. No hay una ventaja clara para el comprador inmediato. El mercado puede rebotar, sí, pero también puede seguir cayendo o moverse de forma errática mientras digiere el shock de volatilidad.
La historia empieza a mejorar cuando ampliamos el horizonte. A partir del cuarto o quinto mes, las tasas de acierto comienzan a subir de forma más convincente. Es decir, el mercado no suele premiar al que compra en el primer rebote después del pico de miedo, sino al que tiene la paciencia de esperar a que las réplicas iniciales se disipen. Es una diferencia sutil pero enormemente relevante para la gestión del riesgo. Comprar miedo funciona, pero comprar miedo demasiado pronto puede ser igual de costoso que no comprar nada.
Esto tiene bastante lógica si pensamos en cómo se comporta el mercado después de un cambio tan brusco en el régimen de volatilidad. Cuando el VIX pasa de niveles de complacencia a niveles de pánico en poco tiempo, lo que ocurre es una reconfiguración completa del posicionamiento. Los fondos ajustan coberturas, los traders cierran posiciones apalancadas, los algoritmos recalibran sus modelos de riesgo y los inversores minoristas reaccionan con ventas emocionales. Todo ese proceso no se resuelve en un día ni en una semana. Necesita tiempo para estabilizarse, y durante ese periodo de ajuste el mercado puede generar rebotes engañosos seguidos de nuevas caídas.
Por eso, la respuesta a la pregunta inicial no es un sí ni un no rotundo. Es un «depende de tu horizonte y de cómo ejecutes». Si la idea es lanzarse a comprar agresivamente en el primer rebote esperando una recuperación rápida, los datos históricos no respaldan esa estrategia con claridad. Pero si el enfoque es empezar a construir posición de forma gradual, con tamaño controlado y asumiendo que puede haber más incomodidad antes de ver resultados, entonces el contexto empieza a ser más favorable.
El VIX rompiendo los 30 después de meses de calma es, sin duda, una señal de que algo ha cambiado en el mercado. Pero no es una señal de compra automática. Es más bien una señal de que el proceso de limpieza ha comenzado, y que dentro de ese proceso, con paciencia y disciplina, pueden aparecer puntos de entrada atractivos. La clave está en no confundir el inicio del miedo con el final del miedo. Porque en mercados así, el primer rebote rara vez es el definitivo.
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En los nueve años que van de 2000 a 2008, el S&P 500 cerró casi tantos años en negativo como en positivo.

Fueron tres años consecutivos de caídas entre 2000 y 2002, y luego el gran año bajista de 2008.
Desde 2009, la travesía ha sido mucho más tranquila.
El S&P 500 ha cerrado el año en negativo solo dos veces en los últimos 17 años.

En 2018, el S&P 500 terminó el año con una caída de poco más del 4%. Después, el mercado bajista de 2022 dejó las acciones con una pérdida anual de casi el 20%.
Y eso es todo en lo que a pérdidas anuales se refiere.
Por supuesto, ha habido correcciones por el camino.
Hubo cinco correcciones de dos dígitos en la década de 2010. Dos de ellas estuvieron a un paso de alcanzar pérdidas del 20%. El mercado bajista por el Covid en 2020 registró caídas superiores al 30%, pero el mercado terminó el año con ganancias de dos dígitos. Lo mismo ocurrió el año pasado tras el revuelo del Liberation Day. También hubo una corrección menor en 2023.
Pero la mayoría de esos años terminaron en positivo.
El Russell 2000 y el Nasdaq 100 tampoco han tenido muchos años bajistas en este ciclo.
Estas son las pérdidas del Russell 2000 después de 2008:
2011: -4,2%
2015: -4,1%
2018: -11,0%
2022: -20,4%
El Nasdaq 100 solo ha tenido un año en negativo desde 2008:
2022: -32,6%
Así que las pérdidas han sido escasas y espaciadas para los inversores durante este mercado alcista de más de 17 años en la bolsa estadounidense.
De 2000 a 2008, el Russell 2000 se comportó bastante mejor que el S&P 500 en cuanto a la magnitud de las pérdidas, pero aun así tuvo varios años en negativo:
2000: -3,0%
2002: -20,5%
2007: -1,6%
2008: -33,8%
Las pérdidas del Nasdaq 100 entre 2000 y 2008 hacen que casi todo lo demás parezca insignificante en comparación:
2000: -36,1%
2001: -33,3%
2002: -37,4%
2008: -41,7%
Las subidas y bajadas del mercado tienden a ser irregulares. Los años negativos pueden agruparse o simplemente puede llegar una gran purga con un año severamente negativo.
¿Podríamos ver un año bajista en 2026? Es perfectamente posible.
Al cierre del jueves, estas son las rentabilidades en lo que va de año para estos tres índices:
S&P 500: -3,5%
Russell 2000: +2,3%
Nasdaq 100: -4,6%
Tres reflexiones sobre los mercados bajistas:
No ocurren muy a menudo durante los mercados alcistas. Las ganancias y las pérdidas tienden a agruparse. No te sorprendas si 2026 resulta ser un año negativo. No hemos tenido muchos de esos.
Pero tampoco te sorprendas si esta resulta ser simplemente otra corrección que termina dando paso a un año decente en bolsa.
Esa es la dicotomía de invertir en activos de riesgo.
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Cuando el S&P 500 marca un mínimo de siete meses y, al mismo tiempo, menos del 20% de sus acciones cotizan por encima de su media móvil de 50 días, el aspecto del mercado es francamente desagradable. Los gráficos se ven mal, los titulares se vuelven agresivos y el inversor medio empieza a preguntarse si esto es solo el principio de algo mucho peor. Es una reacción comprensible. Pero la historia tiene una opinión bastante distinta sobre lo que suele ocurrir después de este tipo de combinación.

Lo primero que conviene entender es qué significa realmente este escenario. Un mínimo de siete meses en el índice refleja una caída sostenida que ya ha provocado daño técnico visible. Pero cuando además la amplitud interna se desploma por debajo del 20%, lo que tenemos es algo más profundo: un lavado generalizado en el que la inmensa mayoría de las acciones ya han sufrido un castigo severo. No estamos hablando de debilidad concentrada en unos pocos nombres. Estamos hablando de un mercado que, por dentro, ya ha sido arrasado de forma casi indiscriminada.
Y ahí es donde la lectura empieza a cambiar. Porque aunque el precio diga una cosa, la estructura interna puede estar diciendo otra. Históricamente, cuando estas dos condiciones se han dado de forma simultánea desde 1998, los resultados posteriores han sido sorprendentemente positivos. Los datos muestran que, en esos episodios, el mercado subió durante el año siguiente en el 79% de los casos, con una ganancia media superior al 14%. No es un dato menor. Sugiere que este tipo de combinación no ha funcionado como señal de inicio de mercado bajista, sino más bien como una marca de agotamiento vendedor extremo.
Si además aplicamos un filtro más estricto y nos quedamos solo con los seis casos más comparables desde 1998, la lectura se vuelve aún más contundente. En esas seis ocasiones, el mercado subió el 100% de las veces a seis y doce meses vista, con una rentabilidad media cercana al 15,3% en un año. Es una tasa de acierto perfecta en una muestra reducida, lo cual invita al optimismo pero también exige cautela estadística.
Y precisamente ahí está el matiz importante. Seis casos no son una muestra robusta. Son suficientes para identificar un patrón y para inclinar la balanza de probabilidades hacia el lado alcista, pero no para construir una certeza absoluta. Además, el entorno macroeconómico actual tiene particularidades propias: tensiones comerciales, incertidumbre sobre tipos de interés y una economía que envía señales mixtas. Todo eso puede influir en cómo se desarrolle este episodio concreto, incluso si el patrón histórico sigue siendo válido como referencia general.
Dicho esto, lo que esta señal sí ofrece es una lectura clara de la asimetría entre riesgo y recompensa. Cuando la amplitud cae a niveles tan extremos y el índice marca mínimos de varios meses, gran parte del daño psicológico y técnico ya está hecho. Las manos débiles han vendido, las valoraciones se han comprimido y las expectativas se sitúan tan abajo que cualquier mejora, incluso modesta, empieza a mover precios con relativa facilidad. Ese tipo de entorno no garantiza un suelo inmediato, pero sí sugiere que el grueso de la presión vendedora podría estar ya absorbido.
Por eso, aunque el corto plazo pueda seguir siendo ruidoso e incómodo, el contexto histórico apunta más a una fase de agotamiento que a una fase de inicio bajista. El mercado primero asusta, luego sacude y solo después recompensa. Y en este momento, con el S&P 500 cotizando en mínimos de siete meses y la amplitud completamente lavada, parece que buena parte del susto y de la sacudida ya han ocurrido. Lo que no significa que no pueda haber más volatilidad, pero sí que la relación entre lo que se arriesga y lo que se puede ganar empieza a inclinarse claramente a favor del inversor con visión de medio y largo plazo.
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One of the issues complicating the Ukrainian presidential election at the end of March is that no one, including pollsters, knows how many people still live in the country. Waves of Ukrainians have been emigrating and counting them isn’t easy. Official statistics are deceptively detailed. The latest population count, from December 2018, is 42,177,579. According to the Ukrainian State Statistical Service, there was a sharp drop in population between 2014 and 2015, when Ukraine lost Russian-annexed Crimea and couldn’t run counts in the eastern regions of the country, controlled by Russian proxies.
Ukrainian communities are growing fast in the Baltic states too, where a worker can make far more than in Ukraine. In Lithuania they’re the largest group of resident foreigners and their number increased 55 percent last year. In Estonia, a record inflow of Ukrainians was registered in 2018. Russia, which many consider to be in a state of war with Ukraine, issued 77,000 residence permits to Ukrainians; 81,000 became Russian citizens.
That, quite likely, is inaccurate. Government statistics show a slight population increase in the first 11 months of 2018, though the number of internal refugees from the areas controlled by pro-Russian forces — the biggest source of inbound migration in recent years -- did not grow during this period. The giveaway is that data from neighboring countries show that large numbers of Ukrainians are moving, especially to eastern Europe, and more have been tempted to do so since the EU introduced visa-free travel in June 2017. Europe’s official statistical service, Eurostat, is slow to release migration data.
Migrant remittances, which last year amounted to 13.8 percent of Ukraine’s economic output, according to the World Bank, are perhaps the best measure of the Ukrainian population outflow. With the visa-free regime, it’s not easy to track those who do so on a seasonal basis.
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