Dean Christians es un analista veterano especializado en la investigación de mercado y trading de Wall Street, con más de 25 años de experiencia. Sus análisis y señales de trading son de las más valoradas entre los profesionales del sector financiero.
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Cuando el S&P 500 marca un mínimo de siete meses y, al mismo tiempo, menos del 20% de sus acciones cotizan por encima de su media móvil de 50 días, el aspecto del mercado es francamente desagradable. Los gráficos se ven mal, los titulares se vuelven agresivos y el inversor medio empieza a preguntarse si esto es solo el principio de algo mucho peor. Es una reacción comprensible. Pero la historia tiene una opinión bastante distinta sobre lo que suele ocurrir después de este tipo de combinación.

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Lo primero que conviene entender es qué significa realmente este escenario. Un mínimo de siete meses en el índice refleja una caída sostenida que ya ha provocado daño técnico visible. Pero cuando además la amplitud interna se desploma por debajo del 20%, lo que tenemos es algo más profundo: un lavado generalizado en el que la inmensa mayoría de las acciones ya han sufrido un castigo severo. No estamos hablando de debilidad concentrada en unos pocos nombres. Estamos hablando de un mercado que, por dentro, ya ha sido arrasado de forma casi indiscriminada.

Y ahí es donde la lectura empieza a cambiar. Porque aunque el precio diga una cosa, la estructura interna puede estar diciendo otra. Históricamente, cuando estas dos condiciones se han dado de forma simultánea desde 1998, los resultados posteriores han sido sorprendentemente positivos. Los datos muestran que, en esos episodios, el mercado subió durante el año siguiente en el 79% de los casos, con una ganancia media superior al 14%. No es un dato menor. Sugiere que este tipo de combinación no ha funcionado como señal de inicio de mercado bajista, sino más bien como una marca de agotamiento vendedor extremo.

Si además aplicamos un filtro más estricto y nos quedamos solo con los seis casos más comparables desde 1998, la lectura se vuelve aún más contundente. En esas seis ocasiones, el mercado subió el 100% de las veces a seis y doce meses vista, con una rentabilidad media cercana al 15,3% en un año. Es una tasa de acierto perfecta en una muestra reducida, lo cual invita al optimismo pero también exige cautela estadística.

Y precisamente ahí está el matiz importante. Seis casos no son una muestra robusta. Son suficientes para identificar un patrón y para inclinar la balanza de probabilidades hacia el lado alcista, pero no para construir una certeza absoluta. Además, el entorno macroeconómico actual tiene particularidades propias: tensiones comerciales, incertidumbre sobre tipos de interés y una economía que envía señales mixtas. Todo eso puede influir en cómo se desarrolle este episodio concreto, incluso si el patrón histórico sigue siendo válido como referencia general.

Dicho esto, lo que esta señal sí ofrece es una lectura clara de la asimetría entre riesgo y recompensa. Cuando la amplitud cae a niveles tan extremos y el índice marca mínimos de varios meses, gran parte del daño psicológico y técnico ya está hecho. Las manos débiles han vendido, las valoraciones se han comprimido y las expectativas se sitúan tan abajo que cualquier mejora, incluso modesta, empieza a mover precios con relativa facilidad. Ese tipo de entorno no garantiza un suelo inmediato, pero sí sugiere que el grueso de la presión vendedora podría estar ya absorbido.

Por eso, aunque el corto plazo pueda seguir siendo ruidoso e incómodo, el contexto histórico apunta más a una fase de agotamiento que a una fase de inicio bajista. El mercado primero asusta, luego sacude y solo después recompensa. Y en este momento, con el S&P 500 cotizando en mínimos de siete meses y la amplitud completamente lavada, parece que buena parte del susto y de la sacudida ya han ocurrido. Lo que no significa que no pueda haber más volatilidad, pero sí que la relación entre lo que se arriesga y lo que se puede ganar empieza a inclinarse claramente a favor del inversor con visión de medio y largo plazo.