headshot jay thumbnail

Jay Kaeppel es analista cuantitativo colaborador habitual de los principales medios internacionales como CNBC, así como colaborador destacado en SentimenTrader.com y la revista Stocks and Commodities, una web de referencia internacional con suscriptores en más de 50 países.
Jay Kaeppel / Sentimentrader.com

 

Después de 232 días consecutivos de calma relativa, el VIX acaba de romper la barrera de los 30 puntos. Ha pasado de cotizar en mínimos de once meses a registrar máximos de once meses en un giro que refleja un cambio brusco en el estado emocional del mercado. De la complacencia casi absoluta al miedo declarado. Ese tipo de transición no ocurre todos los días, y cuando ocurre, suele generar una pregunta inmediata: ¿es momento de comprar?

image 1

La tentación es comprensible. Un VIX por encima de 30 históricamente se ha asociado con zonas de estrés elevado, y muchos inversores han aprendido que comprar cuando el miedo es extremo suele funcionar. Pero el matiz aquí es importante, porque no todos los picos de volatilidad son iguales. Lo que diferencia este episodio es que se produce con el S&P 500 cotizando por debajo de su media móvil de 200 días, lo que indica que no estamos ante un simple susto dentro de una tendencia alcista sana. Estamos ante un mercado que ya ha perdido su estructura técnica de largo plazo.

Y eso cambia la lectura. Cuando analizamos los 16 episodios históricos en los que el VIX superó los 30 con el S&P 500 por debajo de su media de 200 sesiones, los resultados a corto plazo no son tan generosos como muchos esperarían. En las primeras semanas, la relación entre riesgo y recompensa es prácticamente neutral. No hay una ventaja clara para el comprador inmediato. El mercado puede rebotar, sí, pero también puede seguir cayendo o moverse de forma errática mientras digiere el shock de volatilidad.

La historia empieza a mejorar cuando ampliamos el horizonte. A partir del cuarto o quinto mes, las tasas de acierto comienzan a subir de forma más convincente. Es decir, el mercado no suele premiar al que compra en el primer rebote después del pico de miedo, sino al que tiene la paciencia de esperar a que las réplicas iniciales se disipen. Es una diferencia sutil pero enormemente relevante para la gestión del riesgo. Comprar miedo funciona, pero comprar miedo demasiado pronto puede ser igual de costoso que no comprar nada.

Esto tiene bastante lógica si pensamos en cómo se comporta el mercado después de un cambio tan brusco en el régimen de volatilidad. Cuando el VIX pasa de niveles de complacencia a niveles de pánico en poco tiempo, lo que ocurre es una reconfiguración completa del posicionamiento. Los fondos ajustan coberturas, los traders cierran posiciones apalancadas, los algoritmos recalibran sus modelos de riesgo y los inversores minoristas reaccionan con ventas emocionales. Todo ese proceso no se resuelve en un día ni en una semana. Necesita tiempo para estabilizarse, y durante ese periodo de ajuste el mercado puede generar rebotes engañosos seguidos de nuevas caídas.

Por eso, la respuesta a la pregunta inicial no es un sí ni un no rotundo. Es un «depende de tu horizonte y de cómo ejecutes». Si la idea es lanzarse a comprar agresivamente en el primer rebote esperando una recuperación rápida, los datos históricos no respaldan esa estrategia con claridad. Pero si el enfoque es empezar a construir posición de forma gradual, con tamaño controlado y asumiendo que puede haber más incomodidad antes de ver resultados, entonces el contexto empieza a ser más favorable.

El VIX rompiendo los 30 después de meses de calma es, sin duda, una señal de que algo ha cambiado en el mercado. Pero no es una señal de compra automática. Es más bien una señal de que el proceso de limpieza ha comenzado, y que dentro de ese proceso, con paciencia y disciplina, pueden aparecer puntos de entrada atractivos. La clave está en no confundir el inicio del miedo con el final del miedo. Porque en mercados así, el primer rebote rara vez es el definitivo.