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 Jason Goepfert es presidente y CEO de Sundial Capital Research. Editor de SentimenTrader.com, una web de referencia internacional con suscriptores en más de 50 países.
Jason Goepfert / SentimenTrader

 

Hay momentos en mercado en los que el dinero no solo decide si quiere estar dentro o fuera, sino también cómo quiere estar dentro. Y eso importa más de lo que parece. Una cosa es comprar un ETF amplio como el SPY para tener exposición general al mercado casi por inercia, y otra muy distinta es volver a meter dinero en acciones individuales, nombre por nombre, riesgo por riesgo. Lo primero suele reflejar prudencia, rapidez o incluso cierta desconfianza. Lo segundo suele implicar algo mucho más importante: convicción.

Eso es precisamente lo que sugiere ahora el indicador conocido como S&P 500 Liquidity Premium, que acaba de activar una señal de risk-on. Traducido al español: los inversores parecen estar dejando atrás una fase de refugio relativo en el ETF del mercado y están empezando a volver a las compañías que componen ese mercado. No es un matiz técnico sin importancia. Es un cambio de comportamiento. Y en bolsa, cuando cambia el comportamiento del dinero, suele cambiar también la calidad del movimiento.

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El mecanismo del indicador es sencillo en apariencia, pero potente en lo que revela. Lo que mide es la relación entre el volumen negociado en el ETF SPY y el volumen negociado en las acciones subyacentes del S&P 500. Cuando ese indicador cae, lo que está diciendo es que el dinero está dejando de concentrarse en el gran envoltorio del índice y empieza a repartirse otra vez entre los valores individuales. En otras palabras, el mercado deja de comportarse como alguien que entra en una habitación sin querer mirar demasiado y empieza a comportarse como alguien que ya sabe a quién quiere darle la mano.

En fases de incertidumbre, esto suele ocurrir justo al revés. El inversor se siente más cómodo comprando mercado en bloque. Es rápido, es líquido y reduce el coste mental de elegir. Si hay dudas sobre crecimiento, tipos, política monetaria o geopolítica, el ETF actúa como una especie de manta gruesa: no abriga perfecto, pero tapa todo. Por eso, cuando el volumen vuelve a las acciones individuales, el mensaje de fondo suele ser bastante constructivo. No solo vuelve el apetito por riesgo, vuelve también la voluntad de discriminar.

La señal actual gana todavía más fuerza por cómo se ha activado. Históricamente, cuando el range rank de 84 días del indicador pasa desde niveles extremos de incertidumbre —por encima del 99%— hacia una zona de confianza recuperada —por debajo del 42%— y además el S&P 500 mantiene una tendencia alcista de largo plazo, los rendimientos futuros del SPY han sido especialmente sólidos. Es decir, no estamos hablando simplemente de una mejora técnica aislada, sino de una combinación bastante concreta entre recuperación del apetito, mejora del posicionamiento y contexto estructural favorable.

Y eso es importante porque evita uno de los errores más comunes del inversor: confundir un rebote con una rotación sana. Un mercado puede subir durante unos días por cierre de cortos, alivio temporal o puro rebote técnico. Pero cuando el volumen empieza a desplazarse desde el ETF hacia las acciones subyacentes, la lectura cambia. Ahí ya no hablamos solo de precio. Hablamos de participación. Y un mercado que sube con participación suele ser bastante más fiable que uno que sube solo porque nadie quiere vender.

Naturalmente, esto no significa que desaparezca el riesgo ni que el camino vaya a ser recto. Nunca lo es. Puede haber retrocesos, dudas, sesiones feas y noticias que vuelvan a enturbiarlo todo. Pero desde el punto de vista del flujo, la señal es bastante clara: el dinero parece estar saliendo del refugio relativo del índice y regresando al terreno más exigente de la selección de acciones. Eso suele ocurrir cuando la confianza mejora y cuando los inversores creen que merece la pena asumir más riesgo para buscar más retorno.

En el fondo, esta señal dice algo muy humano. Cuando hay miedo, se compra el conjunto. Cuando vuelve la confianza, se elige. Y ahora mismo, el mercado empieza a parecerse más a lo segundo que a lo primero. No garantiza una subida sin sobresaltos, pero históricamente sí ha funcionado como un viento de cola alcista bastante poderoso. Y en un mercado que muchas veces se mueve más por comportamiento que por narrativa, eso no es precisamente un detalle menor.