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 Jason Goepfert es presidente y CEO de Sundial Capital Research. Editor de SentimenTrader.com, una web de referencia internacional con suscriptores en más de 50 países.
Jason Goepfert / SentimenTrader

 

Hay una paradoja que se repite una y otra vez en bolsa: los grandes tramos alcistas no suelen empezar con euforia total, sino con incredulidad. Eso es precisamente lo que sugiere ahora el indicador put/call. Mientras el SPY marca máximos históricos, los traders minoristas están comprando puts a un ritmo históricamente elevado. Es decir, el mercado sube, pero una parte importante de los inversores sigue posicionándose como si lo más probable fuera una caída.

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En apariencia, eso podría parecer una señal preocupante. Si la gente compra protección, será porque teme que algo no va bien. Pero en la práctica, muchas veces ocurre justo lo contrario. Cuando el mercado sube y aun así domina la desconfianza, la subida no suele estar agotada. Al contrario: suele quedar combustible, porque todavía no se ha producido esa fase final en la que todo el mundo se rinde al optimismo y entra tarde, mal y con exceso de confianza.

Los datos históricos refuerzan mucho esta lectura. Esta combinación concreta —traders minoristas cargando puts mientras el SPY está en máximos históricos— solo ha ocurrido 10 veces desde 2002. ¿Y qué pasó después? Un año más tarde, el mercado estaba más alto en todas y cada una de esas ocasiones. No en algunas. En todas. Además, la rentabilidad mediana fue del 20,76%, una cifra que no es precisamente menor.

La lógica detrás de esto también tiene bastante sentido. Un mercado verdaderamente peligroso suele volverse complaciente antes de romperse. Cuando el sentimiento sigue siendo escéptico, el posicionamiento defensivo puede actuar incluso como soporte indirecto: si el mercado no cae, muchos de esos inversores tendrán que deshacer coberturas o entrar más arriba, alimentando todavía más el movimiento.

Así que no, esta señal no parece reflejar un mercado eufórico fuera de control. Más bien apunta a un mercado que sigue subiendo mientras buena parte de los participantes no termina de creérselo. Y en bolsa, esa mezcla de máximos con incredulidad suele ser bastante más alcista de lo que parece.