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Jay Kaeppel es analista cuantitativo colaborador habitual de los principales medios internacionales como CNBC, así como colaborador destacado en SentimenTrader.com y la revista Stocks and Commodities, una web de referencia internacional con suscriptores en más de 50 países.
Jay Kaeppel / Sentimentrader.com

 

Las señales macroeconómicas empiezan a alinearse en una dirección muy concreta: menor riesgo de recesión, mayor estabilidad cíclica y un entorno que, históricamente, ha favorecido a la renta variable más que a los activos defensivos. El último movimiento del Macro Index (MIM), superando el nivel de 0,7, es una de esas señales que no aparecen todos los meses y que conviene leer con calma.

Cuando el MIM cruza y se mantiene por encima de ese umbral, el mensaje implícito es claro: la economía está normalizándose. No hablamos de un boom descontrolado, sino de un entorno en el que el crecimiento es suficiente para disipar los peores escenarios y reducir de forma tangible el riesgo de recesión. En el pasado, este tipo de transición ha funcionado como un viento de cola bastante fiable para el S&P 500.

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La lógica detrás de esta relación es relativamente sencilla. Con menor probabilidad de recesión, las empresas tienden a operar en un entorno más predecible: mejora la visibilidad de ingresos, se estabilizan los márgenes y el mercado empieza a premiar el crecimiento razonable en lugar de refugiarse exclusivamente en activos defensivos. En este contexto, la renta variable suele beneficiarse tanto por la vía de los beneficios como por la del múltiplo.

Sin embargo, la otra cara de esta normalización económica suele ser menos amable para activos como el oro. Históricamente, cuando el crecimiento se consolida y el miedo sistémico retrocede, el atractivo del oro como refugio tiende a disminuir. No porque el metal deje de tener valor, sino porque su función principal —proteger frente a crisis profundas, inflación descontrolada o colapsos financieros— pierde urgencia.

Además, en entornos de mejora macro, el dólar estadounidense suele encontrar cierto soporte estructural. Una economía más sólida, combinada con expectativas de tipos de interés relativamente altos durante más tiempo, puede generar presión adicional sobre el oro, que no ofrece rendimiento y compite directamente con activos financieros que sí lo hacen.

No obstante, sería un error asumir que esta relación es mecánica o automática. El mercado actual no se mueve únicamente por variables económicas tradicionales. Los factores geopolíticos siguen teniendo un peso relevante, y en ocasiones suficiente como para distorsionar o incluso anular patrones históricos bien conocidos.

Conflictos regionales persistentes, tensiones entre grandes bloques económicos, incertidumbre política o riesgos asociados a materias primas estratégicas pueden mantener una prima de riesgo latente en los mercados. En ese escenario, el oro puede seguir encontrando compradores incluso aunque los datos macro “duros” apunten a normalización.

Este equilibrio entre crecimiento económico y riesgos exógenos crea un entorno especialmente interesante. Por un lado, los datos macro favorecen una asignación más constructiva hacia acciones. Por otro, el telón de fondo geopolítico impide descartar por completo a los activos defensivos. El resultado no suele ser un movimiento limpio, sino fases de divergencia y rotación.

Para el inversor o trader, el mensaje clave no es elegir un bando de forma dogmática, sino entender el régimen en el que nos movemos. La economía parece lo suficientemente fuerte como para sostener a la renta variable, pero no tan estable como para eliminar por completo la demanda de protección. En este tipo de entornos, la gestión del riesgo y la flexibilidad suelen ser más importantes que la convicción absoluta.

En resumen, el cruce alcista del MIM sugiere que el viento macro sopla a favor de las acciones y, en condiciones normales, en contra del oro. Pero “condiciones normales” es precisamente lo que el mercado rara vez ofrece durante mucho tiempo. La clave estará en observar si la mejora económica logra imponerse de forma sostenida o si los factores geopolíticos vuelven a inclinar la balanza hacia los refugios clásicos.