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Ben Carlson es gestor de carteras para instituciones e inversores en Ritholtz Wealth Management LL. Escribe habitualmente sobre gestión patrimonial, inversiones, mercados financieros y psicología del inversor.
Ben Carlson / Ritholtz Wealth Management LL

 

Los mercados están en constante evolución.

Hay mejores productos, servicios, herramientas de análisis y tecnología. Nuestro conocimiento del pasado influye en cómo invertimos de cara al futuro.

En ese sentido, los ciclos de mercado siempre son distintos.

Pero la naturaleza humana no cambia.

Las personas son emocionales. Te estresas, te angustias, te vuelves codicioso, nervioso, asustado o eufórico. El dinero despierta todo tipo de emociones.

En ese sentido, los ciclos de mercado nunca son distintos.

La naturaleza humana es la única constante en todos los ciclos, pero la innovación puede amplificar nuestras emociones y afectar al funcionamiento de los mercados.

Ya en 1936, John Maynard Keynes comparó el mercado bursátil con un concurso de belleza en su libro The General Theory of Employment, Interest and Money:

La inversión profesional puede compararse con aquellos concursos de los periódicos en los que los participantes deben elegir las seis caras más bonitas entre cien fotografías, siendo el premio para quien más se acerque a las preferencias medias del conjunto de concursantes; de modo que cada participante no debe elegir las caras que a él le parecen más bonitas, sino aquellas que cree que gustarán más a los demás. No se trata de escoger las que uno considera más atractivas, ni siquiera las que la opinión media considera más bellas. Hemos llegado al tercer grado, en el que dedicamos nuestra inteligencia a anticipar lo que la opinión media espera que sea la opinión media.

Esto era cierto en los años treinta y sigue siéndolo hoy.

Sin embargo, la era de la información ha añadido un elemento que antes no existía y que está cambiando el funcionamiento de los mercados, especialmente a corto plazo.

La plata: euforia y desplome

La subida parabólica y posterior desplome del precio de la plata en los últimos meses resulta impactante en cualquier gráfico.

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¿Cómo se explica un rendimiento del 55% en cuestión de semanas seguido de una caída que borró un tercio de su valor?

Hay múltiples razones detrás de movimientos tan extremos, pero este año la tormenta perfecta en los metales preciosos fue evidente:

  • El oro se disparó tras la incautación de activos financieros rusos después de la guerra en Ucrania, impulsando a los bancos centrales a acumular más reservas físicas.
  • La plata es vista como una apuesta de mayor beta sobre el oro.
  • La desglobalización y la guerra comercial obligaron a replantear cadenas de suministro y materiales estratégicos.
  • El auge del gasto en IA requiere enormes recursos físicos.
  • Las preocupaciones por la devaluación monetaria ante mayores déficits fiscales y deuda pública.

Pero cuando el mercado empezó a despegar, los bots de inversión entraron en masa.

El apalancamiento aumentó. La comunidad de Reddit, Robinhood y las “meme stocks” se subió al carro. Los hedge funds vieron el volumen dispararse y también se lanzaron.

La era de la información llevó la volatilidad —al alza y a la baja— a otro nivel.

En las últimas semanas, la plata al contado registró las dos mayores caídas diarias de su historia: -19,6% y -26,4%, superando el récord previo de -18,6% en marzo de 1980, cuando los hermanos Hunt intentaron acaparar el mercado.

Apalancamiento y redes sociales

Las redes sociales han cambiado los mercados para siempre. Además, existen más productos que permiten utilizar apalancamiento con facilidad.

El ETF apalancado 2x sobre la plata de ProShares pasó de gestionar 1.000 millones de dólares a casi 6.000 millones en el pico de enero.

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Parte fue apreciación del precio, pero gran parte fue entrada masiva de capital.

La velocidad de la información acelera los movimientos del mercado y provoca episodios maníacos en ambas direcciones.

Ya en 2014 señalé que la tecnología estaba acelerando los mercados:

La tecnología permite que la exuberancia irracional, la desinformación y el miedo se propaguen por el mundo a una velocidad aterradora. El exceso de información es una bendición y una maldición. Es fácil acceder a ella, lo que nivela el terreno de juego. Pero cuando las personas toman decisiones impulsivas sin reflexión suficiente, las consecuencias no deseadas se multiplican.

Aunque ese análisis sigue siendo válido, subestimé el componente “meme” del mercado, donde grupos de inversores se concentran en activos concretos como si un algoritmo tipo Netflix destacara las inversiones más “de moda”.

El concurso de belleza de Keynes sigue vivo. Solo que ahora ocurre mucho más rápido.

Y es imposible saber hacia dónde se dirigirá la opinión colectiva mañana.