Dean Christians es un analista veterano especializado en la investigación de mercado y trading de Wall Street, con más de 25 años de experiencia. Sus análisis y señales de trading son de las más valoradas entre los profesionales del sector financiero.
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Una de las cosas que más inquieta a los inversores cuando el mercado sigue subiendo es ver que cada vez menos acciones acompañan. El índice marca nuevos avances, el tono general parece alcista, pero por debajo empieza a aparecer una sensación incómoda: la subida se estrecha. Y cuando eso ocurre, la reacción instintiva suele ser pensar que el rally está perdiendo fuerza y que la divergencia acabará pasando factura. Es una lectura razonable. Pero no siempre correcta. De hecho, la historia sugiere que no toda pérdida de amplitud bajo un índice fuerte es una señal de ruptura inminente.

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La señal concreta aquí es bastante exigente. El S&P 500 se encuentra más de un 6% por encima de su media móvil de 200 días, pero al mismo tiempo menos del 60% de los valores del SPY cotizan por encima de su propia media de 200 sesiones. Es decir, el índice sigue claramente por encima de su tendencia principal, pero la base de apoyo no es tan amplia como cabría esperar. Lo interesante es que, aplicando además un filtro de enfriamiento de 126 días para evitar repeticiones y ruido agrupado, esta configuración solo se ha activado nueve veces de forma independiente desde 1998. Eso le da bastante más valor analítico que a una simple divergencia cualquiera.

Y aquí es donde el dato histórico desmonta un poco la intuición más pesimista. A los seis meses de activarse la señal, el mercado mostró una tasa de acierto del 100%. Y a un año, la rentabilidad media fue de alrededor del 18%, con el peor caso en torno al -5,9%. Esto no significa que la divergencia no importe. Significa algo más útil: en este tipo de contexto, el mercado ha tendido más a resolver la tensión con la amplitud recuperándose que con el precio desplomándose.

Eso tiene bastante lógica si se piensa bien. Cuando un índice está claramente por encima de su media de largo plazo, no parte de una posición débil. Parte de una estructura todavía fuerte. Si en ese contexto la amplitud flojea, puede reflejar simplemente una fase en la que el liderazgo se estrecha temporalmente mientras el resto del mercado se queda rezagado antes de volver a incorporarse. Es decir, no necesariamente estamos viendo una subida moribunda. Podemos estar viendo una fase de digestión en la que el índice aguanta mientras el mercado necesita tiempo para reorganizarse por dentro.

A esta lectura se añade además una capa interesante de sentimiento. El índice de Fear & Greed acaba de completar un ciclo completo, pasando de niveles inferiores a 10 hasta superar 80. Esa transición refleja un viaje completo desde el miedo extremo hasta un entorno claramente más confiado. Históricamente, después de ese tipo de recorrido emocional, las rentabilidades a un año han sido positivas en el 78% de los casos. Otra vez, no es una garantía. Pero sí apunta a que el mercado, después de purgar miedo y reconstruir confianza, suele tener más margen de continuidad que de colapso.

Eso sí, hay un matiz fundamental. La señal funciona bien siempre que la brecha entre precio y amplitud se cierre de la manera correcta. Y la manera correcta no es que el índice se derrumbe hasta igualarse con una amplitud débil. La manera sana es que la amplitud vuelva a ensancharse y alcance al índice. Ese es el punto decisivo. Si el liderazgo se reabre, el rally gana consistencia. Si no lo hace, entonces sí empieza a crecer el riesgo de que el mercado esté viviendo una subida demasiado sostenida por pocos nombres.

Por eso, la lectura histórica aquí no invita al dramatismo, sino a la paciencia vigilante. No parece una señal para salir corriendo ni para asumir que la subida se ha roto por dentro de forma irreversible. Más bien sugiere que las divergencias de amplitud, cuando aparecen con un índice aún muy fuerte, han tendido a resolverse mejor de lo que el instinto suele dictar. El mercado no siempre necesita caer para corregir una incomodidad interna. A veces simplemente necesita tiempo para que el resto de valores vuelva a engancharse al movimiento.

En resumen, una amplitud más delgada con el índice todavía firme no ha sido históricamente una sentencia de muerte para el rally. Puede incomodar, sí. Puede obligar a mirar con más detalle, también. Pero los datos invitan más a pensar en continuidad con vigilancia que en agotamiento terminal. Mientras el precio siga sosteniéndose y la amplitud tenga margen para alcanzarlo, la historia dice que la paciencia suele salir mejor parada que el pánico.