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 Jason Goepfert es presidente y CEO de Sundial Capital Research. Editor de SentimenTrader.com, una web de referencia internacional con suscriptores en más de 50 países.
Jason Goepfert / SentimenTrader

 

El sector tecnológico tiene una virtud y un problema al mismo tiempo: cuando arranca de verdad, suele dejar a mucha gente fuera. Es un sector que no siempre avisa con suavidad. A veces pasa semanas corrigiendo, enfriando entusiasmo, limpiando manos débiles y haciendo creer que lo mejor ya pasó. Y justo cuando el consenso empieza a ponerse más tibio, aparece una señal de amplitud que cambia por completo la lectura. Eso es lo que está ocurriendo ahora. La pregunta ya no es solo si la tecnología está fuerte, sino si está entrando en una fase de ruptura alcista con vocación de durar.

La señal que ha saltado viene de un dato interno muy potente: el ratio de avance/descenso a 10 días de las acciones tecnológicas acaba de superar el umbral crítico de 2,2. Traducido al idioma del mercado, eso significa que los valores que suben están más que duplicando a los que bajan. No es una mejora superficial ni un rebote sostenido por dos o tres nombres de mega capitalización. Es una señal de participación amplia, y eso es justamente lo que diferencia una subida frágil de una subida seria.

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Cuando un sector empieza a moverse al alza con esta amplitud, lo importante no es solo el precio, sino la estructura interna del movimiento. Una tecnología liderada únicamente por unos pocos gigantes puede seguir empujando índices un tiempo, sí, pero deja detrás una sensación de mercado estrecho, selectivo y vulnerable. En cambio, cuando el avance se extiende a una parte mucho más grande del sector, la historia cambia. Ya no se trata solo de que suban los sospechosos habituales. Se trata de que el dinero está entrando con más convicción y en más nombres.

Y ahí es donde el dato histórico se vuelve especialmente interesante. Cuando este nivel de momentum interno ha aparecido en el pasado, ha funcionado como un auténtico viento de cola para la renta variable, con una tasa de acierto del 88% para el S&P 500 en los siguientes 12 meses. Naturalmente, esto no garantiza nada. El mercado no entrega certezas, solo probabilidades. Pero una estadística así no es un adorno. Lo que está diciendo es que cuando la participación de corto plazo se vuelve tan extrema, muchas veces el mercado está dejando atrás una fase de duda y entrando en un tramo de expansión más sólido.

Además, esta señal no aparece en cualquier momento del calendario. Se activa justo cuando el sector tecnológico entra en su ventana estacional históricamente más favorable, tanto en términos absolutos como relativos. Y esto añade una capa más de interés al análisis. Porque una cosa es tener una señal de amplitud positiva aislada, y otra bastante distinta es verla coincidir con un momento del año en el que el sector, por historia, tiende a comportarse mejor. Cuando el impulso interno y la estacionalidad se alinean, el argumento alcista deja de depender de una sola pieza y pasa a tener varias patas sosteniéndolo.

También conviene entender bien qué sugiere esta configuración y qué no. No implica necesariamente que el sector vaya a subir en línea recta desde aquí. Eso casi nunca ocurre. Puede haber retrocesos, consolidaciones y jornadas incómodas. La tecnología, además, es especialmente propensa a los excesos de corto plazo, tanto al alza como a la baja. Pero una cosa es aceptar que habrá ruido y otra muy distinta ignorar una combinación tan potente de amplitud extrema, tendencia estructural y viento estacional a favor.

En el fondo, los grandes movimientos de mercado suelen empezar así: primero mejora la estructura interna, después se amplía el liderazgo y solo más tarde llega la sensación general de que “todo está fuerte”. El problema es que cuando esa sensación se vuelve obvia, muchas veces una parte importante del recorrido ya se ha producido. Por eso estas señales importan tanto. Porque intentan detectar no el final del entusiasmo, sino el principio de un proceso más amplio de acumulación y expansión alcista.

La lectura de conjunto, por tanto, es bastante clara. Cuando una participación tan agresiva de corto plazo coincide con una tendencia de fondo aún sana y con una estacionalidad favorable, el camino de menor resistencia suele seguir siendo al alza. No significa que no pueda haber sustos en el trayecto. Significa que, mirando seis o doce meses hacia delante, la balanza histórica se inclina bastante del lado alcista.

Así que sí, el sector tecnológico parece estar dando señales de algo más importante que un simple rebote. Puede que no estemos ante una explosión inmediata y perfecta, pero sí ante un entorno donde la probabilidad histórica favorece un breakout sostenido. Y en mercado, cuando amplitud, tendencia y estacionalidad reman en la misma dirección, normalmente no conviene ponerse delante del movimiento. Conviene entenderlo y, si encaja con el plan, aprovecharlo.